Pensamientos de Fe (11)

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  1. El intento de erradicar la verdad de la Salvación, ningunearla, es un objetivo claro y bastante logrado en nuestros días por el Diablo. Logro parangonable al de hacer como que no existe y que el vulgo se lo crea. Esto es un craso error, que lleva a desinhibirse de la responsabilidad…, que tantos males provoca.
  2. Desde el punto de mira de la fe, hay quien no se compromete y moralmente se pone en situación comprometedora. La pasividad de la fe puede acarrear una tibieza rayana en la apostasía. La fe inoperante acaba en apostasía silenciosa.
  3. Ante el Cristo clavado, yacente, destruido sobre la cruz, las confesiones inauditas de reconocimiento de ese hombre sin apariencia humana, humillado y reducido a la nada, como el Dios todopoderoso, que manifestaron dos personajes ajenos, sin trato y sin fe, como fueron uno de los colgados junto a Jesús y el centurión romano.
  4. Ante el Hijo del hombre en la cruz, como ante el Niño del pesebre, los espíritus se dividen. Él es el Rey de reyes, el Señor que reina sobre la vida y la muerte. Él que aparece ante el mundo sin que se le pueda evitar como signo de contradicción: quien no está con Él está contra Él. Es la raya tendida en la Historia, donde se separa la luz de las oscuridad. El también a nosotros nos sitúa ante esa tesitura: la elección entre luz y tinieblas.
  5. Una vez le preguntaron a san Juan XXIII cuál había sido el día más importante de su vida, y contestó: “el día de mi bautismo”. Como para todo creyente cristiano. Y ya ven estábamos  pasivos, todo lo hacían por mí. El momento más importante de mi vida, fue regalado, sin que yo aportara nada, sin esfuerzo por mi parte, sin mérito. Así como el día que me trajeron a la vida como el día que se hicieron cristiano todo me fue dado. Seamos, pues, humildes y agradecidos.
  6. ¿Y el que será? Esa día futuro no será otro que el de la Salvación. Que por cierto también será dada, gratuitamente, sin que pongamos gran cosa por nuestra parte. Jesucristo se ha encargado de hacerlo por mí, con amor misericordioso. Tan solo tenemos que de sí. Es decir, tender la mano abierta para recibir lo que se nos ofrece. En relación con Dios todo es gracia. El problema radica en el hecho simple de extender la mano que lo hacemos complicado.
  7. San Agustín, san Jerónimo, san Cipriano, santa Teresa de Jesús… afirmaban que la virtud más importante era la humildad. Que en relación con Dios es reconocer la verdad: la infinita grandeza de Dios y nuestra nada.
  8. No apegarnos a nada de este mundo para que no nos arrastre, y como todo de aquí es caduco, no acabemos con ello. Cuando uno se fija en las cosas y las idoliza, acaba siendo poseído por ellas. Decía san Juan Crisóstomo:  “La primera virtud del cristiano y la que comprende todas las demás, es vivir como caminante y extranjero en la tierra: no tomar parte en las cosas y asuntos del mundo; mirarlas todas sin apego, como que están fuera y separadas de nosotros.”
  9. Toda inteligencia que se distancia del amor, no es inteligencia. En Nuestro Creador estos dos atributos se dan conjuntamente. En san Juan, Dios aparece como Amor y también como el Logos.
  10. El espíritu del mundo, mundanidad, o también llamado espíritu de la época o del tiempo, hace olvidar muchas cosas, entre ellas: la responsabilidad, la de que tenemos que morir, la tradición, de lo heredado y lo de por delegar, los valores indeclinables, la honorabilidad, la conciencia, el pecado, el deseo del bien, lo bello, el respeto a la dignidad humana, de su naturaleza, de dónde venimos y adónde vamos, la vocación a la santidad, de rezar…

 

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