El Papa con los migrantes

Palabras del Papa sobre los migrantes

 El Papa con los Directores Nacionales de la pastoral para los migrantes, en el Vaticano.

El Papa con los Directores Nacionales de la pastoral para los migrantes, en el Vaticano

Frente  los flujos migratorios masivos, complejos y variados, que han puesto en crisis las políticas migratorias adoptadas hasta ahora y los medios de protección sancionados por los convenios internacionales, la Iglesia tiene la intención de permanecer fiel a su misión: la de amar a Jesucristo, adorarlo y amarlo, especialmente en los más pobres y desamparados; entre éstos, están ciertamente los emigrantes y los refugiados.

El amor maternal de la Iglesia para  estos hermanos y hermanas  pide  manifestarse concretamente en todas las fases de la experiencia migratoria desde la salida hasta el viaje, desde la llegada hasta el regreso, de manera que todos los órganos de las iglesias locales situados a lo largo de la ruta sean protagonistas de  la única misión, cada uno según sus propias posibilidades. Reconocer y servir al Señor en estos miembros de su «pueblo en el camino» es una responsabilidad compartida por todas las Iglesias particulares en la profusión de un esfuerzo constante, coordinado y eficaz.

No os oculto mi preocupación por los signos de intolerancia,  discriminación y xenofobia que existen en diferentes regiones de Europa. A menudo están motivados por la desconfianza y el miedo hacia el otro, al diferente, al extranjero. Me preocupa todavía más la triste constatación de  que nuestras comunidades católicas en Europa no están exentas de estas reacciones defensivas y de rechazo, justificadas por un no especificado «deber moral» de  preservar la identidad cultural y religiosa original.

En la historia de la Iglesia no han faltado tentaciones de exclusivismo y atrincheramiento cultural, pero el Espíritu Santo siempre nos ha ayudado a superarlas, asegurando una apertura constante hacia el otro, considerada como una verdadera oportunidad de crecimiento y enriquecimiento.

El Espíritu, estoy seguro,  nos ayuda también hoy a mantener una actitud de apertura confiada, que nos permite superar  cualquier barrera, saltar por encima de cualquier muro.

He percibido un profundo malestar frente a la llegada masiva de inmigrantes y refugiados. Ese malestar debe ser reconocido y entendido  a la luz de un momento histórico marcado por la crisis económica, que ha dejado heridas profundas. Ese malestar, además,  también se  ha visto  agravado  por la cantidad  y la composición de los flujos migratorios, por una falta sustancial de preparación de las sociedades de acogida y de políticas nacionales y comunitarias a menudo inadecuadas. Pero el malestar también es indicativo de los límites del proceso de unificación europea, de los obstáculos con los que se debe medir la aplicación real de la universalidad de los derechos humanos, de los muros contra los que se estrella el humanismo integral, que constituye uno de los frutos más hermosos de la civilización europea. Y para los cristianos todo esto debe interpretarse,  más allá del inmanentismo laicista, en la lógica de la centralidad de la persona humana creada por Dios, única e irrepetible.

Desde una perspectiva puramente eclesiológica, la llegada de tantos hermanos y hermanas en la fe ofrece a las iglesias en Europa una nueva oportunidad de realizar plenamente su catolicidad, un elemento constitutivo de la Iglesia que confesamos en el Credo cada domingo.

Desde una perspectiva misionológica, los flujos migratorios contemporáneos constituyen una nueva «frontera» misionera, una ocasión privilegiada para anunciar a Jesucristo y su Evangelio sin moverse del propio ambiente, de dar un  testimonio concreto de la fe cristiana en la caridad  y en el profundo respeto por otras expresiones religiosas. El encuentro con los migrantes y refugiados de otras confesiones y religiones es un terreno fértil para el desarrollo de un diálogo ecuménico e interreligioso sincero y enriquecedor.

Os renuevo mi agradecimiento por vuestro gran esfuerzo en el contexto de una pastoral migratoria tan compleja cuanto de candente actualidad y os aseguro mi oración. Y también vosotros, por favor no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

22/09/2017

(El texto completo en: http://es.radiovaticana.va/news/2017/09/22/discurso_papa_francisco_-_migrantes_-_directores_nacionales/1338503)

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