«No os agobiéis» por los afanes materiales

Tener el corazón, la mente y el ser puestos en lo que realmente importa, y no en cosas pasajeras, materiales, y especialmente, en el dinero. Centrarse en poseerlo, el vivir afanosamente por acumularlo como único objetivo valioso a perseguir en la vida, supone convertirlo en un ídolo, al que servimos como si fuera nuestro amo y señor.

El evangelio de la misa de hoy, 18 de junio, tiene varias enseñanzas; la más rotunda e impactante es la de No podéis servir a Dios y al dinero (de lo que ya hablamos en «El dios dinero» y «El peso del dinero«); pero habría que destacar esa otra con la que titulamos el artículo, la de que no vivamos agobiados -que repite constantemente, como idea dominante, a lo largo del evangelio de hoy-, preocupados en exceso por las cosas necesarias para vivir, pues Dios es un padre providente que cuida de nosotros y ha creado un mundo que da lo suficiente para que todos tengamos los alimentos imprescindibles para que vivamos todos (cabe pensar en eso 820 millones de habitantes de la tierra que pasa hambre; pero la cuestión habría que ¿no es obra de la avaricia de unos pocos que acaparan la riqueza esquilmando la justa parte que Dios habría destinado para estos hambrientos también hijos suyos?); es decir, la codicia, raíz de todos los males que dice san Pablo, es la maldad que se opone a la voluntad providente de Dios.

Dios se preocupa personalmente de cada uno de los seres humanos y está dispuesto a entregar su solicitud individualmente a cada uno de nosotros. Liberémonos pues de esas cosas que nos agobian, y no nos quedemos parasitados en ellas como hacen los gentiles se afanan por esas cosas, y dirijamos nuestra atención hacia lo verdejamente substantivo: Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

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