La Iglesia que desecharon los protestantes

La Iglesia que desecharon los protestantes

Así como el tronco es más importante que las ramas y el todo más que las partes, la Iglesia Católica, universal, de la que se desgajó el protestantismos, fue, es y seguirá siendo la Iglesia (junto con su hermana la Ortodoxa, con la que no está lejos su unión) de Cristo, la que El fundará poniendo al frente de ella a Pedro.

Y tan es así que en hechos concretos se muestra que la presencia sobrenatural de Dios en ella la respalda. A modo de ejemplo:

– Tengo un conocido sacerdote en Nueva York, que a veces me cuenta cosas de allí, entre ellas me contó que los pastores evangélicos vecinos suyos cuando tienen algún caso de posesión diabólica lo remiten a exorcistas católicos, en un claro ejemplo de reconocimiento de la autoridad que poseen los consagrados de la Iglesia Católica sobre los demonios.

Esto me recuerda a algo que me comentó un exorcista: hay casos de exorcismos en que los ministros protestantes, incapaces de acabar con la posesión diabólica, han acudido a sacerdotes católicos para contar con la plenitud de la gracia y poder luchar con verdadera eficacia.

 

– En la Iglesia Católica es donde más milagros se producen. «En la Iglesia Católica hay más milagros gracias a la Eucaristía», afirma el famoso pastor evangélico Benny Hinn.

El valor de los milagros, es un tanto relativo en relación con la fe. El milagro puede reforzar la fe pero no la fundamenta, Es la fe lo que importa a los ojos de Dios. milagros, para respaldar su fe y doctrina verdaderas, y cono dice Santo Tomás «milagros que Dios no podrá permitir que los hagan para demostrar que sus doctrinas, si son falsas, son verdaderas”.

 

– El grado de santidad de muchos de sus miembros, mártires bastantes, que a lo largo de la historia de la Iglesia, corroboran la presencia de Dios, de su gracia, operando en los miembros del cuerpo del que Cristo es cabeza.

 

– La infinidad de testimonios de revelaciones y mensajes que, también la Iglesia y sus fieles, han recibido místicamente o por apariciones, especialmente en estos últimos tiempos; velando y cuidando misericordiosamente de sus Iglesia, para los tiempos inmediatos.

 

Es llegada la hora de la conversión.

 

Luis M. Mata

 


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