La hipocresía de los países «civilizados»

El Papa, tras el viaje a Tailandia y Japón, denuncia y condena las armas nucleares. En la audiencia general dijo: “la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo material bélico”.

No es que los mismos estados Occidentales o «civilizados» que son los principales constructores armas cada vez más destructivas, con las que hace suculentos negocios económicos, sino que tienen la hipocresía de tener un discurso en contra de la proliferación de armas (de las que ellos mismos construyen), y que sirven para la destrucción de pueblos pauperizados.

Pero no solo la hipocresía se da en este terreno, también en el campo de las libertades: se les llena la boca contra los regímenes políticos dictatoriales; como los comunistas (principalmente China) e islamistas (muchos de ellos países petroleros). Pero, por intereses económicos, los países «civilizados» hipócritamente se pliegan y les rinden pleitesía, teniendo con ellos relaciones diplomáticas normalizadas, como si nada, lavándoles la cara.

Otro tema en el que la hipocresía se pone de manifiesto es el de la migración. Los países «civilizados» constantemente hablan y hablan sobre los pobres y desgraciados migrantes que  huyen mayoritariamente de la pobreza (por hambrunas, sequias, por conflictos bélicos, etc.); en cambio, son incapaces de tomar medidas para acabar con el hambre de esos países de origen y de crear condiciones de vida que hagan innecesario que esas pobres gentes tengan que abandonar su tierra, su pueblo, a veces hasta a sus familias, su cultura, etc. No se ataca y resuelve verdaderamente este gravísimo problema humano, cuando realmente se tienen recursos y medios para solucionarlos.

Otro tema en que los países «civilizados» tienen un comportamiento hipócrita es de la libertad religiosa: mucho hablar de las libertades ideológicas, políticas, de pensamiento, educación, genero, etc., y hasta religiosas. En cambio, aquí, tras las numerosas y «planetarias» persecuciones al cristianismo (con mucho, la religión más perseguida del mundo), sin embargo, los dirigentes de los países «civilizados» miran para otra parte y no dicen nada (salvo muy honrosas excepciones, como los de Hungría y Polonia).

Otro tanto, donde la hipocresía se da en asuntos como el aborto (tan preocupados por el respeto a la vida animal, y tan poco por la humana), o como la ecología (tan preocupado por el medio ambiente, en cambio, no recortan la contaminación ni toman realmente medidas en las que hay que pagar un precio), o como en la libertad en general (donde cada vez cortan la libertad de los padres o a los ciudadanos se les controla cada vez más, etc.).

En fin, nos paramos aquí, pero la hipocresía de las sociedades occidentales es mayúsculas, y más que ir a mejor, en la honradez intelectual, moral y humana, vamos a peor. Indudablemente.

 

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