La Encarnación, versus aborto

En este día especialmente importante para la Humanidad en que —nada menos— Dios, por amor a esta especie que somos, se hace humano, se encarna -y salva (aunque después no hubiera habido cruz)-, queremos celebrar la vida de todas aquellas personas que han sido desde el momento  de la concepción pero que no llegaron a ver la luz de este mundo.

Esta personita que ven en la foto, que mide dos centímetros a las doce semanas (tres meses), es la que se destruye cuando se aborta. Quien lo vea serena y reflexivamente no podrá negar su condición. Al igual que ninguna mujer que va abortar niega a lo concebido en su seno cuando lo ve en la ecografía u oye el latido del corazón del ser al que pretender eliminar (esto lo evitan los que se lucran con ello).

En la sociedad actual no hay colectivo, asociación, gremio, institución, ONG, partido político, etc., que real, verdadera y decididamente defienda al nasciturus a excepción de los cristianos y especialmente la Iglesia católica. Fuera del posicionamiento sin fisura de la Iglesia, no existe la defensa de la vida a no ser declaraciones individuales y parciales… del mundo de la medicina, la ciencia, etc. ¡Resulta penoso!

Esta complacencia o pasividad ante el aborto, en un futuro quizá traiga aún mayores y sangrantes consecuencias. Tan solo es cuestión de que se den las circunstancias (por ejemplo, una superpoblación, enfermedades contagiosas, animadversión al compromiso familiar y otras) y se posean medios más disimuladamente letales (que amortigüen el impacto en las conciencias).

Para un mundo con mentalidad hedonista e incapaz de esfuerzo  y compromiso como el que supone sacar una vida adelante, resulta una cuestión de confort el eliminar cualquier “carga” como la de un bebe que venga a “complicarte” la vida con obligaciones que suponen renuncias y sacrificios. El tener algún hijo y la crianza de la descendencia familiar ha tenido en los últimos años una sorprendente caída de estima y valoración; en los países desarrollados, -paradójicamente- con más posibilidades, es precisamente donde se da la mayor caída de la natalidad (hay países, como España, donde mueren más personas que nacen; se está en un hijo por mujer).

En paralelo o sintonía -o tal vez, suscitada y alimentada- a esta mentalidad, se dan otros factores o intereses que obedecen a objetivos como: a) codiciosos beneficios económicos, b) afán totalitario de control de la población (que incluyen abortos forzados, programas masivos de esterilización llevados a cabo a través del suministro de alimentos y agua, así como implantes corporales obligatorios que impidan a las parejas tener hijos, etc). c) Encubierto en un buen propósito como el de la “paternidad responsable” y que los hijos tengan un hogar adecuado, se intenta colar, imponiendo, la “planificación familiar” (cuyo método mayoritariamente se uso el aborto).

Desde estamentos instrumentalizados como la ONU se fuerza en contra de su voluntad a países pauperizados a asumir políticas de control de natalidad impuestas por el Nuevo Orden Mundial (NOM), con la estrategia -chantaje- de retener ayudas humanitarias a cambio de establecer medidas pro aborto.

Por mucho que se legisle como un derecho el aborto en los parlamentos democráticos, cuando se trata de derechos humanos no manda la mayoría sino la razón y, sobre todo, la conciencia. Aunque el 99% de los votantes de una cámara legislativa decidan que el concebido pero aún no nacido pueda ser exterminado, sin cometer delito alguno; hay que mantenerse moralmente en rebeldía y proclamar firmemente la oposición a semejante aberración.

Defender la vida se ha convertido en algo peligroso: si te opones al aborto te tachan de  reaccionario cavernícola e incluso pronto te podrán acusar de ser un enemigo de la Humanidad, un ilegal, que se opone a la legalidad vigente, un fanático fundamentalista generador de odio -y cosas semejantes-. Al respecto, y de momento, ya se va imponiendo el que no se pueda objetar de conciencia en la profesión médica…

Con el tiempo, no tardando, acabará convirtiéndose lo que ahora es un derecho el de poder exterminar impunemente al nasciturus incómodo, en una obligación, con el argumento que es por el bien propio y por el bien común, social y de la Humanidad entera. Ya lo verán. El Mal no tiene límites y no carece de “buenas razones” que “justifiquen” llevar a cabo sus propósitos. 

P.D.:

La solución a situaciones complicadas no es la más drástica, como se da con el aborto, hay otras soluciones ¡y muy loables! Si no se quiere tener el hijo que te viene a complicar la vida, lo mejor es darlo en adopción. Con ello se consiguen tres cosas: hacer feliz a una pareja que desea adoptar, salvar la vida del bebe y el que la madre que no le aborta quede también a salvo de algo tan luctuoso que muy probablemente la perseguiría durante toda la vida, en forma de remordimiento y arrepentimiento.

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