La adoración nocturna de Medjugorje

Quien haya estado en Medjugorje y haya asistido a la adoración nocturna que diariamente se realiza en la explana ante el altar en que se expone al Santísimo, a la que acuden una multitud (siete mil personas, tal vez), comprenderá el fenómeno de gracia que sucede allí. Nadie que haya vivido esa experiencia podrá negar que Medjugorje es un lugar santo.

Recuerdo una mañana, en el desayuno, hablando de la adoración de la noche anterior, dije: «Esto es como una bomba atómica espiritual contra las fuerzas de Satanás en el mundo». Todos asintieron emocionados, porque era la realidad de lo que ellos mismos experimentaron como una potencia sobrenatural de salvación para la humanidad.

Aquellos que van contra Medjugorje y tratan de derribar lo que allí acontece que se tienten la ropa, preguntándose del lado del que están, aunque parezcan sinceras sus intenciones, porque puede que esté siendo inducidos y manipulados sin quererlo por las fuerzas enemigas del Reino de Dios.

Aquel tiempo de adoración no es un concierto de rock ni un evento multitudinario mitinero donde se arenga a las masas, etc. No, aquello es el silencio de la brisa, donde se hace presente Dios, en la callada contemplación de la fe. No sucede nada y sucede todo. Pero uno siente que Dios está allí, en el silencio sobrecogedor. Esto todo.

 Amén de que luego, unos y otros comentemos, casi anecdóticamente, haber visto a nuestro lado o unos pasos más adelante a una o varias personas que han caído en éxtasis; o quizá, alguna vez también se da, el que se haya manifestado una posesión diabólica de algún presente.

Medjugorje, un respeto. Es cosa seria.

Su adoración nocturna es una experiencia que nadie debería dejar de tener. Es única en la vida.

Luis M. Mata

 

 

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