«La generosidad es como un paraíso de bendiciones,/ y la limosna permanece para siempre.» (Eclo 40,17).
«Con largueza repartió, dio a los pobres; su justicia permanecerá para siempre». (2 Cor 9, 6-9).
«La generosidad es como un paraíso de bendiciones,/ y la limosna permanece para siempre.» (Eclo 40,17).
«Con largueza repartió, dio a los pobres; su justicia permanecerá para siempre». (2 Cor 9, 6-9).
Hace un parte de años escribíamos -después de otros artículos al respecto y de tenor parecido- un último artículo titulado «Las cuentas de Vaticano«, que terminaba así:
Seguir leyendo «La trasparencia de las cuentas del Vaticano» →
Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en lazos y en muchas codicias insensatas y funestas que hunden a los hombres en la ruina y la perdición, porque la avaricia es la raíz de todos los males (1 Tim 6,9-10a).
«Para San Pablo, el más execrable pecado es la avaricia. Y esto porque la avaricia consisten en tomar los medios por fines«[1] (Unamuno).
«La avaricia generalmente embota el buen juicio humano y pervierte los criterios«[2] (San Ambrosio).
Quien ama el oro no escapará sin pecado, y quien ama el lucro en él se extraviará (Eclo 31,5).
Habéis acumulado riquezas en esto días que son los último. Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza (St 5,3-5).
Jesús ya lo vio claro: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24); «allí donde esté vuestro tesoro está vuestro corazón» (Mt 6,21). Contra esto no hay discusión posible. Es palabra de Dios. Que nadie se engañe orillando esta verdad, determinante de la vida más de lo que se cree.
