Categoría: DINERO

La codicia ciega al hombre

         Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en lazos y en muchas codicias insensatas y funestas que hunden a los hombres en la ruina y la perdición, porque la avaricia es la raíz de todos los males (1 Tim  6,9-10a).

        «Para San Pablo, el más execrable pecado es la avaricia. Y esto porque la avaricia consisten en tomar los medios por fines«[1] (Unamuno).       

          «La avaricia generalmente embota el buen juicio humano y pervierte los criterios«[2] (San Ambrosio).

  Seguir leyendo «La codicia ciega al hombre»

Cuando la inversión no es el lucro

Quien ama el oro no escapará sin pecado, y quien ama el lucro en él se extraviará (Eclo 31,5). 

Habéis acumulado riquezas en esto días que son los último. Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza (St 5,3-5).

Seguir leyendo «Cuando la inversión no es el lucro»

El dios dinero

          Jesús ya lo vio claro: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24); «allí donde esté vuestro tesoro está vuestro corazón» (Mt 6,21). Contra esto no hay discusión posible. Es palabra de Dios. Que nadie se engañe orillando esta verdad, determinante de la vida más de lo que se cree.

Seguir leyendo «El dios dinero»

Tibios y cobardes

Antes de adentrarse en los nueve círculos infernales, Dante se detiene en una antesala, para describirnos a quienes allí se encuentran, «gentes que vivieron sin gloria ni infamia» entre las que se cuentan los ángeles que no se rebelaron contra Dios, pero no por lealtad, sino para evitar las consecuencias de tomar partido. Seguir leyendo «Tibios y cobardes»

El avaro, su enfermedad mortal

pixabay

         Raíz de todos los males es el amor al dinero (1 Tim 6,10).

         Hay quien se enriquece a fuerza de afán y avaricia,

         y ésta es su recompensa (Eclo 11,18).

        “No hay avaricia sin castigo, aunque bastante castigo es ella misma” (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXV)

Seguir leyendo «El avaro, su enfermedad mortal»