El poder progre cada vez más intervencionista invade parcelas de libertad de personas y sociedades. Se inmiscuye en la vida de la gente de tal forma que bajo una apariencia proteccionista va ganando terreno en imponer su voluntad, recortando derechos y haciendo que todos los ciudadanos piensen según pretende.
Ustedes han oído que la ONU diga algo sobre China, Venezuela, Nicaragua, Myanman, u otras religiones como el islamismo, el hinduismo, o algunas actuaciones de miembros como intermon oxfam o los Cascos Azules, etc., en cambio, contra la Iglesia católica no se recata en desprestigiarla.
La cultura de Occidente -o primer mundo- es de una frivolidad absoluta, sin substancia, inestable, infiel y pasajera. Y esta efímera caprichosidad en la manera de vivir -o cultura, de cultivar la propia existencia- es lo que el mundo vanguardia del mundo está transmitiendo a todo éste.