El valor de la enfermedad

Marta Robin

En este día de la Virgen de Lourdes y de los enfermos queremos hacer llegar un mensaje de esperanza para todos aquellos que padecen algún tipo de dolencia y ponerlos en manos de Nuestra Madre, para que les alivie y consuele como ella sabe y lleve a su Hijo -experto en dolores- los padecimientos de todos ellos, para que los transforme en gracia.

Estar enfermo, imposibilitado, padeciendo la vejez o vivir con alguna dolencia… es y puede ser algo no deseable y a evitar en la medida de lo posible, porque el sufrimiento imposibilita el estar bien, la felicidad a la que hemos sido llamados. Pero…. pero no imposibilita ni dificulta a algo a que hemos sido también y con mayor urgencia, la santidad.

Testigos y ejemplo de esta vocación cumplida en esas circunstancias de postración por la enfermedad son -entre otras muchísimas personas- Ana K. Emmerick y Marta Robín, la primera beata y la segunda venerable, ambas vivieron muchos años en cama, sin poder ingerir alimentos ninguno, tan solo recibían la comunión eucarística. La primera, Ana Catalina, es más conocida por las numerosísimas revelaciones que tuvo y que fuera recogidas por escrito y comprobados como dignos de crédito; por ello, vamos a hablar un poco más de Marta, que tetrapléjica desde muy joven, permaneció durante 50 años en cama viviendo sin alimento alguno, únicamente la Eucaristía semanal.

Esta mística, que hemos celebrado su día, el 6 de febrero, vivió su enfermedad en íntima relación con Cristo. Decía:“Inconcebible, maravilloso Misterio: vivo en Dios; no es que yo viva sino que Jesús, mi Buen Amado Jesús, vive en mí. ¡No comprendo plenamente, pero conozco esta alegría, ese incomparable misterio!… ¡A Él sea toda la Gloria!”. «Un día de éxtasis tuve el conocimiento de la inmensa dulzura de la comunión espiritual. El Corazón de Jesús latió en mi corazón… Para mí toda mi ciencia (teológica) es el amor y la unión de mi alma con Dios por Jesucristo y con la santa Virgen. Ahí está mi Todo y no deseo saber más.”[1] . En 1928, en el transcurso de una Misión Parroquial en Châteauneuf, en que la visitaron unos religioso y la hablaron sobre el sentido de la enfermedad, Marta comprendió, por una gracia de Dios, que será en la enfermedad y por el sufrimiento, como podrá unirse al Corazón de Jesús en Cruz, el Redentor de todos.

Esto nos viene a demostrar que aún en el caso más extremo, nada está perdido; es más, puede incluso que todo esté ganado, de manera excepcional y lo más posible que en ninguna otra circunstancia.

No nos cabe la menor duda que el padecimiento -cuyo dolor estraga y no parece tener sentido- exculpa mucho… y conmueve las entrañas misericordiosas de Dios. No sabemos bien cuántas gracias, cuánto don divino, suscitan ese estado de circunstancias dolorosa y de abatimiento de un ser humano, hijo de Dios. Tan es así que -para asombro de todos- Jesucristo dice: «¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!» (Lc 6,21).

Todo enfermo es una persona valiosa. Y si hemos de ser sinceros con arreglo a la fe que profesamos: el enfermo es la persona más valiosa.

 

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[1] P. Ángel Peña O.A.R. – MARTA ROBIN, UN MILAGRO VIVIENTE, Segunda Parte, 4. Algunos Pensamientos de Marta, f) La Comunión.

 

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