El profeta Elías

 

Hoy, 20 de julio, celebramos a san Elías. El Profeta Elías vivió nueve siglos antes de Cristo. Provenía de la tribu de Leví, de la generación de Aarón. Esta tribu es de la que procedía también la Virgen María. Y a ella está muy vinculada, por el Monte Carmelo, y por el relato bíblico de la “nubecilla”. Y en un futuro (que estimo ya inminente), porque ambos tendrán un papel importante en el devenir histórico de la Humanidad.

Este profeta es de una relevancia importante en la afianzación de la fe y en la lucha contra la apostasia. En los tiempos del Profeta Elías, el pueblo hebreo que habitaba en el reino de Israel, comenzó a apartarse de la fe y a venerar a los dioses paganos, como Baal y otros más. Durante el reinado de Ajab (877-854 a. C.), Elías sintió el llamado a servir a Dios como su Profeta y se convirtió en un ferviente defensor de la verdadera Fe.

Es, pues, uno de los grandes personajes bíblicos, que aparece incluso en el Nuevo Testamento en la Transfiguración del monte Tabor, y que según la tradición sagrada aparecerá como uno de los dos olivos al final de los tiempos.

El Antiguo Testamento nos habla de dos personajes que fueron arrebatados en vida: Elías y Enoc. Ambos fueron llevados al cielo sin pasar por la muerte (Gn 5, 24; Heb 11, 55; y 2 Rey 2, 11) y ambos volverán durante la Gran Tribulación para enfrentar públicamente al Anticristo.

Ellos estarán llenos del Espíritu Santo, predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios por ellos; harán grandes prodigios, por la virtud del Espíritu, y condenarán los errores del Anticristo.

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Cuando sucedió, allá en el monte llamado Tabor, la Transfiguración de Jesucristo ante los tres discípulos predilectos Pedro, Juan y Santiago, dejándoles ver por un momento su Gloria, allá apareció Elías entre los invitados junto a otro peregrino de la montaña que se llamaba Moisés; los discípulos los veían conversando familiarmente con Cristo; entre los tres comentaban cosas sobre los acontecimientos de la próxima Pasión.

Ya sabían cosas de él; las habían escuchado con frecuencia en la sinagoga de los sábados; incluso los más viejos del lugar afirmaban que en los últimos tiempos se hablaba de Elías más que en otras épocas; no hacía mucho, la gente llegó a confundir a aquel Bautista que realizaba su carismática predicación en el río Jordán con Elías; los mismos príncipes de los sacerdotes habían mandado a unos comisionados para que investigaran si Juan era el Mesías tan esperado y, al obtener una respuesta negativa, intuyeron que se trataba de alguna otra persona importante y hasta le preguntaron si era una especie de reencarnación de Elías o una aparición suya, puesto que se hablaba de que el gran profeta tendría que venir en los tiempos últimos.

¿Que quién fue este personaje?

Los judíos de todos los lugares conocían bien sus portentosas obras que fueron parte de su misión. Había nacido en torno al año 900 antes de Cristo, cuando ya se había consumado la división cismática político-religiosa del Pueblo de Dios que quedó seccionado en el Reino del Norte –con capital en Samaría– y el Reino del Sur –con capital en Jerusalén–, después de la asamblea que tuvieron en el 931, en Siquén. El reino del norte se llama desde entonces Israel y el del sur, Judá. Cuando Elías ejerce su profetismo por encargo de Dios, reina en Israel Ajab; pero se ha casado con la cruel Jezabel, hija de Ittobaal, el rey de Tiro y Sidón, que ha traído a Samaría a sus profetas y dioses fenicios, levantado un templo a los baales y ha perseguido hasta el aniquilamiento a los profetas del verdadero y único Dios, Yahvé.

Elías o Eliyahú, que quiere decir «Dios es mi confianza», es fuerte y claro con el rey Ajab. Le dirá que por haberse apartado de Yahvé y por haber torcido sus ojos a los dioses falsos ya lleva su reino sufriendo años la sequía que ha mandado Elías; hace años que los campos se han olvidado de las cosechas, los veneros están agostados y los animales se mueren; los hombres tienen labios resecos y Samaría entera sufre el azote de Dios.

Profeta fuerte y claro con el pueblo prevaricador. «¿Hasta cuándo cojearéis entre dos muletas?» les dice, recriminándoles por mantenerse dubitativos y negligentes entre Yahvé y los baales. Tiene que convencerles con un prodigio: Reunidos los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y él solo en lid sobrenatural para dilucidar ante el pueblo dónde está la verdad; dos novillos descuartizados dispuestos sobre el monte para el sacrificio; los profetas de los baales danzarán, cantarán, gritarán, implorarán, se harán incisiones sangrientas y entrarán en trance sin éxito; Elías invocará con sencillez al Dios de Israel y de Judá y vendrá de inmediato un fuego del cielo que hará en un instante cenizas a las víctimas y a las piedras por más que antes hubieran sido empapadas en agua.

Con los intereses de Yahvéh es fuerte y claro por encima de todo. Los cuatrocientos cincuenta profetas de los falsos dioses son pasados a cuchillo junto al torrente Cisón. Ni uno solo escapó.

Convertido ya el pueblo al buen Dios, no hace falta que continúe el castigo. Viene el agua como llega la persecución de la vengativa Jezabel que obliga a huir a Elías al desierto donde, cansado y agotado el profeta, pide ya la llegada de su fin bajo la retama. Como el desierto tiene reminiscencias de lugar encontradizo con Dios, le viene el encargo de reponer fuerzas porque el camino a recorrer es aún largo para Elías. Hace falta ungir a Yehú para rey de Israel y preparar a Eliseo como sucesor en el profetismo.

Aún tuvieron tiempo para ver al hombre de Dios pasar andando el río Jordán golpeado con su manto.

¡Cuánto debió de ser el poder que Dios dio a Elías, cuando Eliseo se conformaba solo con un tercio de él para desempeñar su propia misión! Y lo tendrá al ver el rapto de su maestro al cielo en aquel carro de fuego.

Archimadrid

 

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INDULGENCIAS PLENARIAS

Quienes visten el Escapulario Carmelita pueden ganar una indulgencia plenaria:

        • En la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, el 16 de Julio
        • El día en que le imponen el escapulario y se une a la familia carmelita
        • En la fiesta de los siguientes santos carmelitas:
          • San Simón Stock – (16 de mayo)
          • San Elías Profeta – (20 de julio)
          • Santa Teresita del Niño Jesús – (1 de octubre)
          • Santa Teresa de Jesús – (15 de octubre)
          • Todos los Santos Carmelitas – (14 de noviembre)
          • San Juan de la Cruz – (14 de diciembre)

Requisitos para una indulgencia plenaria:

        1. Realizar la acción que la Iglesia premia con esta indulgencia.
        2. Confesarse, al menos veinte días antes o después de realizar la acción premiada (sin olvidar que hay que estar en gracia de Dios antes de acabar la acción). Una misma confesión puede servir para ganar varias indulgencias plenarias.
        3. Comulgar, en ese mismo periodo de tiempo. Se necesita una comunión para cada indulgencia plenaria.
        4. Rezar por las intenciones del Papa un Padrenuestro y un Avemaría, u otras oraciones. Deben rezarse también en esos días. Se necesita una oración para cada indulgencia plenaria.

INDULGENCIA PARCIAL

Se puede ganar indulgencia parcial por usar piadosamente el santo escapulario, por besarlo o por cualquier otro acto de afecto y devoción. Se aplica también a la medalla-escapulario.

 

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