El peligro de la desunión en la Iglesia

En estos tiempos convulsos de un mundo en ebullición por la ideología woke y sus derivadas del NOM, si algo nos ha caracterizado a la Iglesia Católica y nos ha hecho fuertes ante el espíritu de la época predominado por un secularismo asfixiante y laicismo beligerantemente, ha sido la unidad. Unidad que está comenzado a resquebrajarse.

Tal y como ocurre en ambientes políticos, en la Iglesia se están manifestando cada vez más acentuadas dos corrientes: la conservadora o tradicionalista y la progresista. Con las voces que se han levantado a raíz, principalmente, de los sínodos alemán y del sínodo de la sinodalidad, parece estar agrietándose del casco de la Barca de Pedro.  

Esta unidad que nos daba fortalece para navegar por las aguas procelosas de un mundo líquido, en constante cambio, relativista y sin verdades sostenibles, que parece arrollarlo todo, la Iglesia que presente una Verdad sólida, desafiando y haciendo frente a ese espíritu del tiempo, parece por momentos zozobrar ante esos vaivenes de exterior que está afectando a su armonía internar.

Los progresistas liberales esgrimen el «ecclesia semper reformanda» pretendiendo cambiarlo «todo»; es decir, revisar la doctrina, especialmente cambiar la moral y el dogma.

Y en el otro lado están los que ven esos cambios como un ataque al Magisterio y la Tradición de la Iglesia, un intento «revolucionario» conducente a perder la señas de identidad de la fe siempre. En este sentido y como piensan muchos prelados, acaba de decir el Arzobispo de Pamplona: «Los ignorantes de la sana doctrina son propensos a torcer la Escritura para su propia perdición».

Nuestra opinión, desde Actualidad Católica, es la de mantenernos firme en la unidad, y máxime en tiempos tan borrascosos, «hacer mudanzas» de calado. Este intento de desestabilización no pretenden día interiormente, aunque sus agentes también lo son además, claro está, de los de fuera, los del NOM que pretenden si no acabar con la Iglesia sí reducirla a la mínima expresión, relevancia e influencia en un mundo al que pretenden someter a sus dictados.

Todo esto del progresismo hoy día se ha hecho tan veloz y hasta casi pasado de modo, como su liquidez misma, que curiosamente son la parte del clero más añeja la que está por él. Es raro que sacerdotes jóvenes, como ocurre en España o en otros sitios como Estados Unidos, se inclinen por ese alterador progresismo de ajustarse a los parámetros del mundo, que como advierte Mons. Salvatore Cordileone que la secularización, que comenzó siendo relativista, hoy es una forma de relativismo rígida y dogmática y exhorta a los fieles a llevar una vida sacramental plena para vivir la vocación cristiana que Dios nos ha dado.  

Como muestra de esta posición de la nueva generaciones de sacerdotes, pueden ver esta noticia en CNA/InfoCatólica, que nos habla de que Los jóvenes sacerdotes progresistas en vías de extinción en Estados Unidos:

La gran mayoría de los sacerdotes jóvenes de EE.UU se definen como «conservadores» o «muy conservadores»

La mayor encuesta nacional de sacerdotes católicos de EE.UU realizada en más de 50 años ha descubierto, entre otras cosas, que los sacerdotes que se describen a sí mismos como «progresistas» prácticamente se están «extinguiendo» entre los que estudian salen ordenados los seminarios estadounidenses, y que la gran mayoría de los jóvenes que quieren ordenarse se describen a sí mismos como conservadores y ortodoxos.

Acabamos añadiendo un dato más: según nuestra experiencia de los entornos parroquiales, de su gente más piadosa, la que acude a misa diaria y vive de los sacramentos y hacer oración y adoración, es decir, la gente más fiel y autentica, está posicionada en este mantenerse firmes en la fe tal y como está, sin cambios estridentes.  

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