El pecado que no será perdonado

En el Evangelio del día de hoy, 27 de marzo, es un relato (Lucas 11,14-23) en el que Jesús realiza un exorcismo que causa la admiración de todos los presentes, ya que la expulsión del demonio del poseído es con autoridad y a la vez también tiene el efecto milagroso de que el hombre que era mudo recobra el habla;  en el relato de Mateo (12,22-33), no solo el habla también la visión.

Hemos añadido seguidamente al relato de Lucas los paralelos de Marcos y Mateo, ya que aportan algunos detalles nuevos.

El tema fundamental negarse a reconocer al Mesías, portador del Reino, que se manifiesta en signos buenos; “toda la multitud asombrada decía: «¿No será este el hijo de David?». Pero los fariseos…” (Mt 12,23); es el pecado contra el Espíritu Santo; el único pecado que no será perdonado nunca. Lo cual no es expresado por Lucas, pero sí por los otros dos sinópticos, e incluso Marcos, pone el énfasis del «En verdad…» y remacha «no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».

Al mayoría de los presentes, admirados (por aquellos frutos), se preguntaban que Jesús tendría que ser el Mesías: «¿No será este el hijo de David?»; pero algunos, escribas y fariseos presentes reaccionaron bruscamente con palabras gruesas, de tal calibre que llegaron a decir: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Es decir, a aquel que lleno del Espíritu Santo obraba obras buenas —»con el dedo de Dios»—se le tildaba de ser todo lo contrario, de obrar según Satanás, jefe de los espíritus inmundos.  

Jesús trata de hacerlos razonar, diciéndoles que si obra frutos buenos, «el árbol se conoce por su fruto» -por los frutos les conoceréis, dirá en otro momento- es razón suficiente para creer que su origen no es diabólico, como pretenden acusarle, sino obra del Espíritu Santo.

El que no da frutos según el Reino de Cristo, el que «no recoge conmigo, desparrama». Pero aún así, aunque sus frutos no sean buenos, estos pecados tendrán perdón: !cualquier pecado o blasfemia serán perdonados». Pero hay uno que no será perdonado jamás: «la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.»

Es decir, que quien blasfeme diciendo que lo bueno “¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal!; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad” (Is 5,20)—, los frutos del Reino, procedentes del Espíritu Santo, sean tenidos como malos, como demoniacos, ese pecado de suma corrupción inmunda, no tendrá perdón de Dios.

Y es más, incluso Jesús afirma que lo que se diga en contra suya (como apariencia humana), ese pecado le será perdonado, pero no si es contra el Espíritu Santo: «Y quien diga una palabra contra el Hijo del hombre será perdonado, pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro«.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,14-23):

EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

 ……

 «En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan;  pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo(Mc 3,28-30).

…… 

Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo, y lo curó, de suerte que el mudo hablaba y veía.  Y toda la multitud asombrada decía: «¿No será este el hijo de David?». Pero los fariseos al oírlo dijeron: «Este expulsa los demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios». Pero él, dándose cuenta de sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido internamente va a la ruina y toda ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie. Si Satanás expulsa a Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino? Y si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, ¿vuestros hijos con el poder de quién los expulsan? Por eso ellos os juzgarán. Pero si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Cómo podrá uno entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse su ajuar, si no ata primero al fuerte? El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo que cualquier pecado o blasfemia serán perdonados a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y quien diga una palabra contra el Hijo del hombre será perdonado, pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro. Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto(Mt 12,22-33).

 

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Catena Aurea

 

 Glosa

Había ofrecido el Señor que daría el Espíritu bueno a los que lo pidiesen, cuyo beneficio da a conocer con el siguiente milagro. De aquí prosigue: «Y estaba Jesús lanzando un demonio el cual era mudo».
 

Teofilato

Se llama mudo kwfoV, (cofos), al que no habla y también al que no oye. Pero con más propiedad al que ni oye, ni habla. El que no ha oído desde que nació, necesariamente no habla porque se nos enseña a hablar por medio del oído. Pero si alguno pierde el oído por cualquier accidente, conserva, sin embargo, la facultad de hablar. Pero el que se presentó al Señor era mudo y sordo.
 

Tito Bostrense, in Matth

Llama mudo y sordo al demonio, porque infunde las pasiones para que no se oiga la divina palabra; porque los demonios privando a los hombres de la aptitud para obrar bien, cierran el oído de nuestra alma. Por esto vino Jesucristo a arrojar al demonio, para que podamos oír la palabra de la verdad. Curó a uno para dar a todos la salud. Por esto sigue: «Y así que hubo echado al demonio, habló el mudo».
 

Remigio

Este endemoniado, según San Mateo, no sólo era mudo sino también ciego. Luego hizo tres milagros en un solo hombre. Siendo ciego ve, siendo mudo habla, estando poseído por el demonio queda libre. Esto se verifica todos los días en la conversión de los creyentes. Primeramente, expulsado el demonio, ven la luz de la fe y después se desatan en alabanzas al Señor aquellas bocas que antes eran mudas.
 

San Cirilo, in Cat. graec. Patr

Una vez hecho este milagro el pueblo lo ensalzaba haciéndolo público y dándole la gloria que conviene a Dios. Por esto sigue: «Y todas las gentes quedaron muy admiradas».
 

Beda

Admirándose siempre las turbas -que parecían menos instruídas- de los hechos del Señor, los escribas y los fariseos se esforzaban en negarlos o en darles mala interpretación, haciéndolos aparecer no como obra de la divinidad, sino del espíritu inmundo. Por esto sigue el evangelista: «Mas no faltaron allí algunos que dijeron»: «Por arte de Beelzebub, príncipe de los demonios, echa El los demonios». Beelzebub era el dios de Accaron 1; Beel es lo mismo que Baal y Zebub quiere decir mosca. Por tanto, Beelzebub viene a significar el señor de las moscas 2, de cuyo asqueroso rito tomó el nombre el príncipe de los demonios.
 

San Cirilo, ubi supra

Otros, estimulados por los mismos aguijones de la envidia, le pedían que hiciese milagros; por esto sigue: «Y otros por tentarle le pedían les hiciese ver algún prodigio del cielo». Como diciendo: Aun cuando arrojas los demonios del cuerpo de un hombre, no es prueba suficiente de la obra divina; todavía no hemos visto algo que pueda compararse con los primitivos milagros: Moisés pasó al pueblo de Israel por medio del mar ( Ex 12); Josué, que le sucedió, detuvo al sol en Gabaón ( Jos 10). Pero tú no nos has hecho ver nada de esto. Al pedir, pues, milagros estupendos, daban a conocer cuáles eran entonces sus pensamientos respecto de Jesucristo.
 

Notas

  1. Accaron o Eqrón: ciudad filistea.
  2. O también: señor del estiércol.

 

 

San Crisóstomo, hom. 42, in Matth

Siendo inconveniente la sospecha de los fariseos, no se atrevían a publicarla por miedo a la muchedumbre, sino que la desenvolvían dentro de su conciencia. Por esto sigue: «El, cuando vio los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, será asolado».
 

Beda

No responde a lo que han dicho sino a lo que piensan, para que se viesen compelidos a creer en el poder de Aquel que veía los secretos del corazón.
 

Crisóstomo, ut supra

No respondía según las Escrituras, porque no les prestaban atención, falseándolas en su explicación, sino según lo que generalmente sucede. Porque la casa y la ciudad, una vez divididas, se destruyen prontamente, y lo mismo un reino que es lo que hay de más fuerte, siendo la unión de los súbditos la que afirma los reinos y las casas. Ahora bien, dice, si yo lanzo a los demonios por arte del demonio, los demonios están divididos y concluye su poder. Por esto añade: «Pues si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo ha de subsistir?», etc. Porque Satanás no lucha contra sí mismo, ni hace daño a sus satélites, sino más bien afirma su reino. Luego sólo resta decir que yo destruyo a Satanás por poder divino.
 

San Ambrosio

También da a conocer en esto que su reino es indisoluble y eterno; y por tanto, a los que no esperan en Jesucristo, sino que creen que arroja a los demonios en virtud del príncipe de los demonios, les niega que sean de su reino eterno, lo cual se refiere también al pueblo judío. En efecto, ¿cómo puede ser eterno el reino de los judíos, el pueblo guardián de la ley, cuando niega a Jesús anunciado por ella? Y así la fe del pueblo judío se contradice; contradiciéndose se divide; dividiéndose se destruye; y por tanto, el reino de la Iglesia subsistirá siempre, porque su fe es indivisible y su cuerpo es uno solo.
 

Beda

El reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo tampoco está dividido, sino que está establecido con estabilidad eterna. Renuncien, pues, los arrianos a sostener que el Hijo es menor que el Padre, y el Espíritu Santo menor que el Hijo, porque los que tienen el mismo reino tienen la misma majestad.
 

Crisóstomo, in Matthaeum hom. 42

Esta es la primera solución, pero la segunda (que se refiere a los discípulos) es la que da en seguida diciendo: «Y si yo por virtud de Beelzebub lanzo los demonios: ¿vuestros hijos por quién los lanzan?». No dice mis discípulos, sino vuestros hijos, queriendo calmar su furor.
 

San Cirilo, in Cat. graec. Patr

Fueron judíos los discípulos de Jesucristo, pues procedían de los judíos según la carne, los cuales habían recibido de Cristo poder sobre los espíritus inmundos, y en el nombre de Cristo libraban de ellos a los poseídos. Por tanto, cuando vuestros hijos venzan a Satanás en mi nombre, ¿no es una gran insensatez decir que yo tengo este poder de Beelzebub? Así vosotros seréis condenados por la fe de vuestros hijos. De aquí sigue: «Por esto serán ellos vuestros jueces».
 

Crisóstomo, hom. 42 ut sup

Porque, puesto que hay entre vosotros quien me obedece, claro es que condenará a los que obran en contrario.
 

Beda

O bien, designa como hijos de los judíos a los exorcistas de aquella gente que arrojaban a los demonios invocando a Dios; como diciendo: si la expulsión de los demonios en vuestros hijos se atribuye a Dios y no a los demonios, ¿por qué cuando se trata de mí no ha de reconocer igual causa la misma obra? Luego ellos mismos serán vuestros jueces, no por poder sino por comparación; porque ellos atribuyen a Dios la expulsión de los demonios y vosotros a Beelzebub, príncipe de los demonios.
 

San Cirilo, ubi sup

Luego si lo que dices tiene carácter de calumnia, resulta que yo arrojo los demonios por medio del Espíritu de Dios. Por esto sigue: «Mas si con el dedo de Dios lanzo los demonios, ciertamente llegó a vosotros el reino de Dios».
 

San Agustín. De cons. Evang., lib. 2, cap. 38

Lo que San Lucas llama dedo de Dios, San Mateo llama Espíritu de Dios. Y, sin embargo, no hay en esto disparidad; sino que más bien enseña que debemos conocer el sentido en que debemos entender las palabras «dedo de Dios» en cualquier lugar que las hallemos de la Sagrada Escritura.
 

San Agustín. De quaest. Evang. lib. 2, q. 17

Se llama al Espíritu Santo dedo de Dios, por la equitativa distribución de sus dones entre los hombres y los ángeles; puesto que en ningún miembro nuestro se hace la división más patente que en los dedos.
 

San Cirilo, in Thesauro, lib. 13, cap. 2

O bien es llamado el Espíritu Santo dedo de Dios, como el Hijo es llamado la mano y el brazo del Padre; pues el Padre lo hace todo por El. Como el dedo no está separado de la mano sino que está unido naturalmente a ella, así el Espíritu Santo está unido al Hijo consustancialmente, y el Hijo todo lo hace por El.
 

San Ambrosio

Por la unión de nuestros miembros, además, no puede dividirse nuestra fuerza, puesto que no puede haber división en lo que es indivisible; y por tanto, el nombre de dedo debe referirse a la unidad y no a la división del poder.
 

San Atanasio, orat. 2, contra Arrianos

Pero ahora, en razón de su humanidad, quiere el Señor aparecer menor al Espíritu Santo, diciendo que echa los demonios en virtud del citado Espíritu. Con ello da a conocer que no es suficiente la naturaleza humana para arrojar a los demonios; solo puede en virtud del Espíritu Santo.
 

San Cirilo, in Cat. graec. Patr

Por esto se dice muy oportunamente: «El reino de Dios ha llegado a vosotros»; esto es, si yo, siendo hombre, en virtud del Espíritu divino arrojo los demonios, la naturaleza humana ha sido enriquecida en mí y viene el Reino de Dios.
 

San Juan Crisóstomo, in Matthaeum hom. 42

Dice «sobre vosotros», para atraerlos. Como diciendo: Si os vienen los días de la prosperidad, ¿por qué os hastiáis de vuestros bienes?
 

San Ambrosio

También manifiesta el fuerte poder que hay en el Espíritu Santo en quien está el Reino de Dios; y como el Espíritu Santo habita en nosotros, venimos a ser real morada suya.
 

San Tito Bostrense, in Matth

O bien dice: «el reino de Dios ha llegado a vosotros», para dar a entender que ha llegado contra vosotros y no a favor vuestro; terrible será la segunda venida de Jesucristo para los malos cristianos.

 

San Cirilo, in Cat. graec. ubi sup

Como era necesario por muchas razones rebatir las palabras de sus detractores, utiliza un ejemplo clarísimo, por medio del cual demuestra a los que lo quieran comprender que el príncipe de este mundo es vencido por el poder que El tiene, por eso dice diciendo: «Cuando el fuerte armado guarda su atrio», etc.
 

San Juan Crisóstomo, homil. 42, in Matth

Llama fuerte al diablo, no porque lo sea por naturaleza, sino dando a conocer su antigua tiranía, causada por nuestra debilidad.
 

San Cirilo, in Joan, lib. 10, cap. 11

Antes de la venida del Salvador usó de mucha violencia en el mundo robando los rebaños ajenos -esto es, los de Dios- y conduciéndolos, por decirlo así, a su propio redil.
 

San Teofilacto

Sus armas son los pecados de toda clase, en los que confía para prevalecer contra los hombres.
 

Beda

Llama su atrio 1 al mundo, porque está ocupado por la malicia ( 1Jn 5,19) teniendo en él todo poder hasta la venida del Salvador, como que descansaba en los corazones de los infieles sin contradicción ninguna, pero fue vencido por uno más fuerte en poder, Cristo, que al liberar a todos los hombres lo expulsó del mismo, por esto añade: «Pero si sobreviniendo otro más fuerte que él lo venciere», etc.
 

San Cirilo, ubi supra

Después que el Verbo del sumo Dios, dador de toda fortaleza y Señor de todas las virtudes, se hizo hombre, lo acometió y le quitó sus armas.
 

Beda

Sus armas son la astucia, el engaño y la torpeza espiritual; y sus restos son los hombres engañados por él.
 

San Cirilo, ubi supra

Porque los judíos que desde hacía tiempo habían sido seducidos por él por el error y la ignorancia acerca de Dios, han sido llamados por los Santos apóstoles hacia el anuncio de la verdad y ofrecidos a Dios Padre por la fe que prestaban al Hijo.
 

San Basilio, in Esai, 18

Distribuyó también sus restos, mostrando el fiel amparo de los ángeles para la salud de los hombres.
 

Beda

Jesucristo como vencedor distribuye los restos -lo cual es señal de triunfo-, porque conduciendo cautiva a la cautividad, repartió sus dones a los hombres; esto es, ordenando que unos sean apóstoles, otros evangelistas, otros profetas y otros pastores y doctores ( Ef 4).
 

San Juan Crisóstomo, hom. 42, ut sup

Después pone la cuarta solución cuando añade: «Quien no está conmigo está contra mí». Como diciendo: yo quiero ofrecer los hombres a Dios y Satanás todo lo contrario. ¿Cómo, pues, el que no coopera conmigo, sino que disipa lo que es mío, puede estar conforme conmigo para arrojar a los demonios? Prosigue: «Y el que no recoge conmigo, desparrama».
 

San Cirilo, ubi supra

Como diciendo ( Mt 12,45): Yo he venido a reunir a los hijos de Dios dispersados por el demonio; y el mismo Satanás, como no está conmigo, procura esparcir lo que yo he reunido y salvado. ¿Cómo, pues, ha de darme el poder el que combate todos mis designios?
 

San Juan Crisóstomo, hom. 42, ut sup

Pero si el que no coopera es adversario, mucho más lo es el que se me opone. Me parece que en esta alegoría alude a los judíos igualándolos con el demonio, pues ellos obraban contra El y dispersaban a los que El congregaba.
 

Notas

  1. Por extensión se refiere a la casa.

 

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