El misterio de las Santas Formas de Alcalá

Santas Formas actuales adoradas en la capilla de adoracion perpetua de Alcalá

 Se han cumplido 400 años de un milagro reconocido por la Iglesia de las Santas Formas incorruptas de Alcalá de Henares. Pero todo empezó hace 423 años, en 1597, y su «conclusión» hace  84, en 1936: desde esta fecha, inicio de la guerra civil española, está desaparecidas. ¿Qué ha sido de ellas? ¿Dónde están? Nadie, después de 84 años, sabe nada.

Este es el relato histórico:

Son veinticuatro Hostias consagradas y autentificadas como prodigiosas.

En 1597 un sacerdote jesuita de Alcalá de Henares atendió en confesión a un forastero penitente arrepentido. Este le comunicó que había robado en una iglesia sus vasos sagrados con unas sagradas Hostias, y le entregó un envoltorio con 24 formas eucarísticas del robo sacrílego.

El sacerdote lo comunicó a su superior. En un principio dudaron sobre la forma de proceder con ellas. Rechazada la propuesta de consumirlas, pues por este método se habían dado varios casos de envenenamientos de sacerdotes en Murcia, Segovia y otros lugares. Luego se pensó destruirlas, arrojarlas al fumidero; pero ante el hecho de que estuvieran realmente consagradas les hizo renunciar a ese irrespetuoso proceder optando por guardarlas en una cajita de plata que depositaron, junto con otras reliquias, en el altar mayor; esperaban los sacerdotes que estas formas se corrompieran con el tiempo, lo que de acuerdo con las costumbres litúrgicas de entonces permitiría su definitiva destrucción.

Pasados once años, las sagradas Hostias permanecían frescas. Una Hostia debiera ser polvo en menos de 9 años. Por lo que, en 1608, el Provincial de los jesuitas, ordenó que fueran colocadas junto a otras formas sin consagrar en un subterráneo húmedo con el fin de acelerar su descomposición. Transcurridos unos meses, se comprobó que estas últimas se habían estropeado mientras que las otras se mantenían en buen estado.

 Seis años después el Provincial de los jesuitas hizo que sometieran a diversas pruebas para determinarse que se trataba de un milagro eucarístico por hallarse las formas en estado de incorrupción. Sometieron las formas al estudio de varios de los médicos (los científicos de entonces) más afamados de su época, entre ellos el que fuera médico real y catedrático de la universidad alcalaína, el cual realizó en 1615 y en público un detenido examen de las formas llegando a la conclusión de que no existía ninguna razón científica que justificara su incorrupción, que aquel fenómeno no se debía a causas naturales por lo que apoyaba el carácter milagroso del acontecimiento.

La ciudad de Alcalá de Henares veneró y conservó las Santas Formas en una hermosa custodia instalada en el altar mayor de la Magistral, permanecieron allí hasta que en 1936 desaparecieron trágicamente.

En 1936 las turbas incendiaron dicha iglesia, entre otras. Previamente tres sacerdotes habían ocultado la custodia en que se conservaban las Hostias. Pero estos sacerdotes fueron asesinados por las hordas anarcomarxistas, por lo que no pudieron revelar dónde las habían escondido.

Hoy no se sabe dónde están, si es que todavía se conservan.[1]

 

Ahora exponemos aquí una teoría del lugar en que pudieran encontrarse, que no se ha explorado lo suficiente:

Hace ya más de 40 años sucedió esto: Un monaguillo, de unos , y tenía el encargo de preparar los ornamentos, las vinajeras y demás para la celebración de la misa; el cura llegaba de Madrid, de impartir clases, con el tiempo justo de comenzar la eucaristía. Un día de esos, unos veinte minutos antes del comienzo de la misa, encontrándose solo, apareció un sacerdote, bastante mayor y vestido con sotana. De una cartera que portaba extrajo unos papeles, a la vez que me permitiera efectuar ciertas comprobaciones en la sacristía. El monaguillo accedió sin poner reparos ni pedir explicaciones, quizá por la edad de sus apenas diez añitos y la autoridad que imponía la sotana. El, guiándose por las anotaciones de esos papeles, hizo cálculos y mediciones sobre el suelo y las paredes. Al finalizar, con un lápiz pintó una flecha de tres o cuatro centímetros sobre una pared, a  medio metro del piso y con la punta hacia abajo. Luego garabateó un dibujo en una hoja y la puso en las manos del monaguillo para que se la entregara al párroco.

Cuando llegó el cura para celebrar la misa, el monaguillo le mostró el papel con el dibujo, le contó lo sucedido,  y le dijo lo que el misterioso sacerdote me había dicho que le comunicara: “Aquí, donde le marco con esa flecha, se encuentra la desaparecida custodia de Alcalá de Henares que contiene las Santas Formas”.

El cura párroco no lo dio mayor importancia. A decir verdad, se limitó a balbucear un comentario despreciativo: “Ya sé… Ya tenemos noticias de este sacerdote jubilado. En el obispado le tienen por un chalado al que no hay tomar en serio”.

Eso fue todo. No se ha explorado en profundidad esa posible vía.

Muchos esperan que más pronto o más tarde se pueda hallar este maravilloso tesoro de la fe. Ciertamente, el misterio de las hostias de Alcalá da que pensar. Tal vez el Señor espera la vuelta a la fe verdadera de la que hasta hace tiempo era la muy católica España, para manifestarse de nuevo.

Desaparecidas, pero recordadas como milagro en Adoración Perpetua: la diócesis de Alcalá de Henares sigue honrando el milagro de Jesús de querer quedarse con ellos. Como agradecimiento, se estableció una capilla de Adoración Perpetua que, en la actualidad, cuenta con 350 miembros. Más de 300 personas que acompañan al Señor en oración las 24 horas del día de los 365 días del año.

 

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[1]  Cf. J. C. Canalda. Publicado originalmente el 11-5-1985, en el nº 949 de Puerta de Madrid.

 

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