
En este tercer artículo trataremos el katéjon como la ley natural y la conciencia, que obstaculiza el programa de iniquidad e imposibilita la actuación del Maligno de forma eficaz.
Por la razón natural es, así, ley natural y, por participación, ley eterna, inscrita en la conciencia de cada ser creado a imagen y semejanza de Dios.
Al hacer desaparecer del ser humano este fundamento de sí mismo como es la dimensión moral, la conciencia y la ley natural, saltaría por los aires aquello que le lleva a apreciar y respetar de manera indeclinable, y estaría al albur de la influencia del espíritu del tiempo y de su promotor el Impío.
El hombre sin ley, sin principios, sin valores, sin imperativo interior que le induzca a determinarse por el bien, lo justo, lo digno, lo humano, la verdad, la belleza, etc., se abandonaría a la arbitrariedad, a la amoralidad, al capricho, a la irresponsabilidad, a la deshonra, a la mezquindad, al oprobio, a la animalidad.
La conciencia, ausente o lo suficientemente corrupta, con absoluta insensibilidad, empecatada, enanallada, se entregará al mal, abrazándose al Malo.
Entonces, en un mundo así, ausente de caridad, inhumano, apóstata, será el marco preciso donde el Impío —hombre sin ley poseído por Satanás— aparecerá para hacerse el amo del mundo.
Y el mundo, la humanidad, de manos del Anticristo entrarán en una vorágine desenfrenada… Todo será subvertido: la sacralidad de la vida, la familia, la procreación natural, los mandamientos, la paz, la religión…
Será el tiempo del Príncipe de este mundo y su reino de caos y tinieblas.
Recemos.
