Día de la Cátedra del apóstol san Pedro

Este día, 22 de febrero de 2021, dado los tiempos de corren en que se acentúan las  disensiones dentro de la Iglesia y que se repiten  controversias  que dan pie a que algunos cuestionen la figura del papa Francisco, la celebración de la Cátedra de san Pedro adquiere una relevancia importante.

Es el momento indicado para manifestar la unidad de la Iglesia y afianzarla sobre la roca de Pedro.

Desde esta página vaya nuestra solidaridad con el Santo Padre, que al igual que Tomás Moro dijera hace cinco siglos, exponiendo con ello la vida: “estamos con el Papa, porque estando con él, se está con Dios”. Todo lo demás, alguna cuestión doctrinal y teológica que haya que dilucidar hay foros para ello, pero siempre sin airear de mala manera las disensiones y provocar el desconcierto y la división. Y no hablamos ya de temas más prosaicos y mundanos, de carrerismo eclesiástico, de pompas y oropeles, de pruritos sociales o de bienes materiales; sin llegar a temas más turbios… Pero que en el fondo solo sirven a los intereses para el que hace el juego, el enemigo del Cuerpo de Cristo.

Amén de esta afirmación del elegido de Jesús para pilotar sus Iglesia, queremos comentar el evangelio, muy interesante del día de hoy. Dice así la lectura de san Mateo (16,13-19):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo

 

A destacar:

Hay una atmósfera de idolatría:

Se venía de hablar de la falsa doctrina contaminante de los fariseos y saduceos, de la que Jesús pone en aviso a sus discípulos. A los que había llamado “Generación malvada y adúltera”; es decir, idolátrica.

En tiempos del Antiguo Testamento la ciudad de Cesárea de Filipo tenía un altar dedicado a Baal (dios de los cananeos), más tarde los griegos construyeron un altar a Pan (dios de la naturaleza) y llamaron Panias al lugar. El nombre griego era Paneas, probablemente nombrada así porque era el centro para la adoración del dios griego, Pan. En el año 20 a.C., Herodes el Grande construyó allí un templo blanco de mármol, y lo dedicó a Augusto Cesar. En la actualidad, se encuentran trozos de de piedra de las edificaciones, pedazos de columnas rotas y arcos a medio enterrar. En la parte delantera del gran precipicio, alrededor de la gruta, de donde sale el arroyo, se encuentran varios nichos, y una inscripción griega que dice: “Pan y sus ninfas rondan por este lugar”. También se han encontrado muchas monedas. Una de ellas tiene dibujada la siringa o zampoña de Pan; en otra Pan se encuentra apoyado sobre un árbol tocando su flauta; en una tercera se muestra la boca de la caverna y en una cuarta moneda está el nombre de la ciudad: “Caesarea-Paneio”. La imagen tradicional de Pan se asocia con la imagen del diablo (en forma de macho cabrío) y los aquelarres.

Así, pues, Jesús lleva a sus discípulos a un lugar de idólatra, Cesárea de Filipo, donde se adoraba a Satán, para justamente manifestar su identidad, para que Pedro, de la misma y auténticamente fe tradicional de su padre Jonás, distinta de la de los fariseos y saduceos, proclame la divinidad de Jesús. Reconoce en una declaración extraordinaria, que es gracia, la procedencia de Jesús, el Mesías que tanto esperaban. Y entonces a la luz de la calidad de la fe de Pedro, donde confiesa la única y verdadera divinidad de Dios, allí presente -en contraste y en aquellos pagos donde se idolatraba a dioses falsos-, Jesucristo lo proclama piedra, cimiento sobre el que se solidificará su Iglesia.

…..

 

Y esta es la primera lectura y el salmo que acompañan al evangelio en la litugia de la palabra de la Cátedra del apóstol san Pedro:

Primera lectura:

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (5,1-4):

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

Salmo:

Sal 22,1-3.4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara, mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. 

ACTUALIDAD CATÓLICA