Desde mediados del siglo XX, y podríamos poner como fecha simbólica el mayo del 68, que apareció ante la humanidad como un fogonazo deslumbrante en todos los órdenes y que sin embargo fue más bien cegador, desde entonces se ha dado una falta de luz, que se extiende hasta nuestros días de hoy, ya el primer cuarto del siglo XXI.
Dejando aparte los progresos estrictamente materiales, científicos-tecnológicos, en los demás terrenos y especialmente en el de la grandeza del alma humana, no ha habido avance ninguno, sino todo lo contrario, ha habido una involución o retroceso, se ha dado un decrecimiento espiritual, pese a los brotes verdes que parecen abrirse paso en esta generación Z. Prueba de esta decadencia interior, carente de luz, la hemos plasmado los artículos que hemos venido publicando últimamente: «La verdad, lo bueno y lo bello«, «la post-verdad«, «el feísmo«, «mal al bien y bien al mal«.
Sería imposible que cuando por humano se decae que no lo hiciera lo que es la dimensión más propiamente humana: la religiosa, la que nos hace trascender, eternizarnos, ennoblecernos, amarnos hasta límites insospechados, y en definitiva «divinizarnos»…; que es a lo que estamos llamados a ser, porque es la semilla de nuestra dignidad como hijos Dios, creados a su imagen y semejanza, y que no alcanzará su verdadera grandeza hasta que no estemos «glorificados», es decir, en el cielo, con una humanidad glorificada según Cristo.
Datos como esa merma de la dimensión religiosa en el hombre occidental, «vanguardia» del mundo, es palmaria desde mediados del siglo pasado. Vean este dato tan frecuente con anterioridad y que hoy no se da, con raras excepciones:
«En el siglo pasado se produjeron numerosas conversiones de personajes relevantes: de pensadores (C.S. Lewis, Edith Stein, García Morente, Maritain, Gabriel Marcel), escritores y artistas (Graham Green, Charles du Bos, Evelyn Waugh, Giovanni Papini, Paul Claudel, Julien Green, Gerhard Stanley Hopkins, Ernst Jünger, Max Jacob), personalidades diversas (Thomas Merton, Charles de Foucault, Lorenzo Milani)… Un poco de memoria y de paciencia podrían alargar esta lista. Algo sin embargo ha llamado mi atención. Se trata de procesos que tienen lugar únicamente en la primera mitad del siglo.» (Carlos F. Barberá, Conversiones)
Desde entonces, a lo largo de este medio siglo la increencia no ha dejado crecer y el paganismo se ha ido extendiendo como aceite derramado en una fea y untuosa mancha. Poco a poco, desde entonces, las estadísticas de los jóvenes, especialmente, no ha dejando de aumentar, hasta llegar a este presente en que la prácticamente totalidad de la juventud de occidente entre los 15 y 35, no cree.
Un dato sobre el pulso de la religiosidad de un lugar o país viene dado por las vocaciones vida consagrada. Y esta es la realidad (según datos de la Iglesia católica), que habla por sí sola, y que se arrastra en aumento continuo desde hace años. Este es el «Anuario Estadístico de la Iglesia» publicado este año 2025:
El número total de sacerdotes en el mundo sigue disminuyendo, situándose en 406.996 (-734 en el último año). Una vez más, es Europa (-2486) la que muestra un descenso consistente, seguida de América (-800) y Oceanía (-44). Igual que el año pasado se registran aumentos significativos en África (+1.451) y Asia (+1.145). Los sacerdotes diocesanos en el mundo ha disminuido globalmente en 429 unidades, situándose en el número de 278.742. A diferencia del año pasado, se registra un descenso en los sacerdotes religiosos, que son actualmente 128.254 (-305).
Los religiosos no sacerdotes han disminuido de 666 unidades con respecto al año anterior, alcanzando un total de 48.748. Las disminuciones se registran en Europa (-308), América (-293), Asia (-126) y Oceanía (-46) mientras aumentan solo en África (+107).
Cabe preguntarse con urgencia: ¿a qué se debe?, ¿qué es lo que ha pasado en estos 60 años para que se llegue a estos momentos históricos únicos?…
Tal vez todo se encamine a aquello que dijera Jesucristo: «Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» (Lc 18,8).

