Ayer, 15 de abril, celebramos con una marcha-manifestación este día del «Sí a la vida.» Aunque el apoyo de asociaciones y entidades cívicas que convocaban era de unas 500, y que tenía prevista la asistencia de asociaciones de toda Europa y América, y que colaboraron un nutrido grupo de voluntarios jovencitos para la organización y en control adecuado el evento, el número de los participantes, francamente, hay que calificarlo de decepcionante.
Es una pena que para una cuestión tan importante como es el de la defensa de la vida humana y su dignidad, el realmente decepcionante la respuesta de la gente en general. De una población de más de 4 millones de habitantes, asistieron unas 4.000 personas, como máximo. Los benditos irreductibles de siempre.
Es triste que un asunto tan importantísimo tenga tan poca resonancia en la sociedad, en los medios de comunicación, en las personas y hasta en los creyentes.
Es llamativo que se den en España más de 93.000 abortos, y que sin embargo, haya también muchas parejas que quieran tener hijos, sin conseguirlos, y que quieran adoptar… Y sin embargo, no se muestre como alternativa real a quien pretende deshacerse de su embarazo, por la vía más «cómoda», sin que se le haya ofrecido esta posibilidad, que haría tanto bien a las tres partes: el bebe, la madre y los padres adoptivos. ¿Por qué no reconciliar ambas realidades?
Además, hay que hacer todo lo posible por la revisión de la ley del aborto y cambios legislativos para apoyar la maternidad.
Y también por cambiar la mentalidad extendida de que lo normal es abortar, si una joven se queda embarazada. Está tan normalizado en la sociedad que parece lo correcto cuando, en realidad, provoca mucho dolor y sufrimiento.
Curiosamente, coincidiendo se llevaba a cabo otra manifestación a unos metros, sobre el pago de las pensiones. Para salvarlas, según dicen, se precisa de un mayor relevo generacional de contribuyentes, que ha caído debido a la falta de nuevos nacimientos (en España, se mueren más que nacen). Y sin embargo, y paradójicamente, no se aprecia la maternidad como un bien para la sociedad.