Bendecir las relaciones homosexuales es blasfemo

Así lo ha calificado el cardenal alemán Gerhard Müller, y añadió: “lo que estamos presenciando es la negación herética de la fe católica”.

Este intento del clero progre de amoldarse al espíritu del tiempo o mundanidad es lamentable y de lamentarse más pronto que tarde.

Andan por ahí algunos curas desnortados que han seguido la senda disparatada de parte del clero alemán de bendecir las parejas homosexuales, lo cual resulta ser una provocación y un absoluto desafío a la enseñanza de la Iglesia. A principios de este mes, el clero católico en Alemania desafió descarada la postra tradicional de la Iglesia respecto a las uniones homosexuales llevando a cabo bendiciones del mismo sexo en más de 100 lugares del país germano.  

Además de descolocar y avergonzar a inmensa mayoría de los creyentes -que resultan ser los más practicantes y los que en sí mantienen las esencias de la fidelidad a la doctrina-, siembran la semilla de la discordia y proclaman con hechos heréticos (como las imágenes que estamos viendo), la desobediencia y la división en la Iglesia.

La Santa Seda, por no aventar dispuestas o por ser misericordiosa y no mostrar un rostro radical, no se pronuncia con la contundencia y medidas que estimamos necesaria, para atajar asuntos como este. Al menos, personas con autoridad como el cardenal Müller expresan su opinión: “Esta puesta en escena de pseudo-bendiciones de parejas masculinas o femeninas homosexualmente activas es, teológicamente hablando, una blasfemia, una contradicción cínica de la santidad de Dios”, escribió Müller en un artículo del 24 de mayo publicado en First Things.

Son un buen sismógrafo los posicionamientos de figuras tan acreditadas como la este prelado y la de la silenciosa feligresía más ferviente que en todas las parroquias hay, de compromiso y oración, para saber la realidad de lo que debe ser en cuestiones como estas referentes a la doctrina genuina de la fe cristianocatólica.

Es grave todo esto, y máxime en estos tiempos de borrasca y pérdida de fe en Occidente, como para andar creando dudas y virajes en lo asentado de la buena gente fiel. Para la tranquilidad de todos ellos expresamos la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 15 de marzo de que la Iglesia no puede bendecir las relaciones entre personas del mismo sexo porque Dios “no puede bendecir el pecado”. Y como dice el profeta Isaías (5,20),  ¡Ay de los que llaman al mal al bien, que tienen las tinieblas por luz!  

Finalizamos con otras palabras del card. Müller:

“El lugar legítimo y sagrado para la unión corporal del hombre y la mujer es el matrimonio natural o sacramental del marido y la mujer. Cualquier actividad sexual libremente elegida fuera del matrimonio es una grave violación de la santa voluntad de Dios (Heb 13, 4). El pecado contra la castidad es aún mayor si se instrumentaliza el cuerpo de una persona del mismo sexo para estimular el deseo sexual ”.

 “En la Biblia, la bendición de Dios se menciona por primera vez cuando el hombre es creado a su imagen y semejanza. La institución del matrimonio comparte la verdad de que nuestra creación como ‘hombre y mujer’ (Gén 1,27) expresa la bondad esencial de Dios. Cuando un hombre y una mujer asienten libremente y en matrimonio se convierten en ‘una sola carne’ (Gén 2,24; Mt 19,5), la promesa que Dios hizo desde el principio se aplica a ellos: ‘Dios los bendijo, y Dios les dijo ellos, ‘Sean fructíferos y multiplíquense’ ‘(Gén1,28)”.

ACTUALIDAD CATÓLICA