Apocalipsis 13

         Reflexión sobre el capítulo 13 del libro del Apocalipsis:

 [1]Y vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos.

         Surgirá el reinado (el espíritu del tiempo) del Dragón, de Satanás; a su vez, surgirá la persona del Anticristo, que llegará por encargo del ángel caído (Lucifer, luego Satanás), por una voluntad de poder, con los diez gobernantes a su servicio y las siete organizaciones y/o ideologías satánicas.

         Las siete cabezas son siete mentalidades, corrientes, sectas o brazos de una global Organización. Es decir, organizaciones o fuerzas operativas de la Organización inmunda, a través de las que opera el  Príncipe de este mundo, para implantar su reinado, el espíritu del tiempo o mundanidad inhumana.

         Las siete cabezas son también el espíritu de las tinieblas, que se plasma en los siete pecados capitales; cuya característica fundamental es la de ser antagónicas a las virtudes y valores cristianos.

         Las siete cabezas son, a la vez,  sobre las que se asienta el reino  satánico, son lo siete poderes: político, judicial, mediático, religioso, militar, científico, económico.

         La Gran Babilonia es la Humanidad prostituida por la Organización, la madre de las rameras, de las siete sectas, y de las abominaciones de la Tierra.  

         La gran ciudad también representa la religión adulterada, la prostitución idolátrica, la ideología satánica, su espíritu, el espíritu de la época o mundano, que domina al mundo con sus diez gobiernos (diez cuernos o reyes de la Tierra). Tres de estos diez serán aniquilados por la Bestia ya que de alguna manera supondrán un obstáculo a la implantación del espíritu de tinieblas.

 [11]Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. [12]Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la Tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia.

         El Anticristo es la primera Bestia, el fiel reflejo de Satanás, al igual que lo es la segunda Bestia, el Profeta, que está al servicio del Anticristo. La primera Bestia, pertenece al poder político (surgirá del mar, dice la Escritura; al igual que el poder romano llegó a Israel por el mar Mediterráneo); la segunda Bestia, en cambio, vendrá de la tierra, será de tipo ideologico-religioso, a quien San Juan llama “falso profeta”, llegará gradualmente a ser el líder “bondadoso” de una seudoiglesia apóstata, la concepción sincrética de ideologías inmundas con apariencia de nueva “religión” globalista, con el marchamo de una fraternidad de empatía universal, con la pretensión de sustituir la doctrina cristiana por una que agrade a los hombres; y que tendrá -simbólicamente- su solio en Roma (pues su objetivo es expulsar del mundo a la religión cristiana y a su cabeza Cristo.

 [2]El Dragón le dio su poder y su trono y gran poderío. [5]Le fue dada una boca que profería grandezas y blasfemias, y se le dio poder de actuar durante 42 meses. [13]Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; [14] y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia. [7]Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos; se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. [8]Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado. [16]Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, [17]y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre. [18]Su cifra es 666.

         Satanás dio batalla en el cielo. Vencido y expulsado, hace ahora la guerra en la Tierra, a los hijos del Altísimo. Satanás es un ser espiritual, que no puede encarnarse; interviene y ejerce su influencia sirviéndose de personas interpuestas, pecadoras empedernidas que han venido su alma al diablo hasta convertirse en bestias, seres deshumanizados, a los que les transfiere su poder (de maldad), de modo que por medio de ellos obra en el mundo. Al igual, aunque en menor medida, el diablo, a través de prácticas ocultistas, da poder político a la élite: personajes del mundo espiritual, principados o potestades y  gobernadores de las tinieblas de este mundo, que dirigen o influyen en civilizaciones. Todas las “civilizaciones” pasadas y todos esos espíritus se asociarán al final de los tiempos. Todas las tradiciones de las distintas “civilizaciones” se mezclarán al final en una sola: habrá una amalgama, un eclecticismo globalista de todas “civilizaciones” habidas. El imperio final será un globalismo con un gobierno mundial único, presidido por un personaje diabólico, la Bestia.

         Es indudable que el carácter satánico de la Bestia estribaba en sus pretensiones a la deificación, en mortal oposición a Cristo y a la Humanidad. Durante tres años y medio la “abominable desolación” tendrá el poder político, social e ideologico-religioso absolutos y hollará sacrílegamente el templo (=la fe en el santo de los santos, el Santísmo, presente real y verdaderamente en el sacrificio del altar o Eucaristía), causará una gran tribulación en los cristianos, quebrantará a los santos del Altísimo, pretenderá mudar los tiempos y la Ley, hasta llegar al hombre sin ley -ni humana ni divina-, sin ley natural, imagen de la divina, sin conciencia, y se proclamará a sí mismo como dios… Todos los habitantes de la Tierra le adoran, excepto los elegidos, los “sellados por Dios”.

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