Aparición camino de Emaús

El Evangelio (que puede leer abajo) de hoy, 7 de abril, trata sobre la aparición del Señor resucitado a dos discípulos de retornaban a su pueblo, Emaús, a 13 Km[1]. de Jerusalén; donde habían paso el domingo en medio del dubitativo alborozo entre todos los próximos a Jesús por la noticia -aún por consolidarse- de que, al no encontrarse en el sepulcro su cuerpo y tras aparecerse a varias de la mujeres, había resucitado.

En el trayecto, Jesús se hizo el encontradizo, poniéndose a su paso a andar en la misma dirección, y entablando conversación. Jesús enseguida les notó con un halo de pena y hasta decepción; aunque las mujeres habían dicho haber visto a los ángeles y al Señor comunicando la resurrección, quizá por lo poco que se valoraba la palabra de mujeres por aquel entonces, no las creyeron. Jesús se interesó por la conversación que les bullía. Ellos le contaron con lo ocurrido en Jerusalén: la pasión, muerte y los rumores de la supuesta aparición del profeta Jesús de Nazaret. Algo de lo que todo el mundo hablaba en la ciudad.

Entonces Jesucristo tomó la palabra, y de ser tomando por alguien que no se había enterado de lo que había sucedido, comenzó a explicarles el sentido de ese al que ellos tenían por un profeta y que a la luz de las Escrituras se trataba del Mesías…

Al llegar a Emaús, ellos, hospitalariamente, invitaron a Jesús a pasarla noche allí, pues él hizo ademán de continuar el camino y ya anochecía.

Se pusieron a cenar, entonces Jesús “tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo fue dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.”

Y claro, ante tal aparición del Resucitado, salieron a toda prisa a recorrer nuevamente los 13 km. camino de Jerusalén a contar a todos la verdad de la Resurrección. 

Algunas reflexiones:

  • Estos discípulos se volvían decepcionados a su mundo anterior, sin considerar creíble el testimonio de las mujeres, tal vez si hubiera sido hombres… Hoy día existe también esa consideración respecto a la ciencia a la hora de considerar lo que es verdad o no; parangonando, lo “científicamente” aprobado entonces era la palabra de los hombres, la opinión femenina no se sujetaba a la “cánones” de lo que había considerarse como cierto.
  • Jesús sale al encuentro, ayer y hoy, de cada ser humano, se hace el encontradizo y nos acompaña en el camino de nuestra vida. Si le permitimos que nos hable, su palabra nos encandilará el corazón, como a los discípulos que sentían ardor cuando les explicaba las Escrituras.
  • Jesús no invade, no se autoinvita, hace como que va de paso… Se queda con ellos y con nosotros, si se le invita, si le abrimos en corazón. Entonces Él entrará en nuestras vidas.
  • El reconocimiento de Jesucristo por los discípulos se produce en el momento en que sentados a la mesa Jesús bendice y reparte el pan… En instante de la Eucaristía que nos hace entrar en comunión con Él. Ahí se descubre con los ojos de la fe lo que hasta antes era invisible a los ojos de la carne. Coincidiendo con otras apariciones, por el aspecto físico de Jesús resucitado no era reconocible, tan solo ocurre cuando interviene la fe.
  • De inmediato, sin esperar al día de mañana, salen camino de Jerusalén a anunciar la Buena Nueva: la gran verdad: ¡Jesús existe! Así como nosotros que conocemos a Cristo tenemos que comunicar a los hombres la Palabra de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

AQUEL mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».
Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adónde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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[1] 70 estadios (185 m. el estadio) = 12.950 m.

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