¡Aleluya, Jesucristo ha resucitado!

Figúrense… cuando María Magdalena llegará a todo correr a donde estaban los apóstoles y exultante, desbordante de emociones y radiante de alegría, exclamará “¡Ha resucitado. El Maestro ha resucitado!”

La noticia resultaba asombrosa, difícil de creer. Aún así, los apóstoles que allí estaban  –Pedro y Juan– salieron corriendo a comprobarlo. Es curioso el detalle que cuenta el propio Juan en su evangelio, él, que era el discípulo más joven (unos 18 años?) llegó, claro, antes que Pedro. El ansia de comprobar aquella excepcional noticia no le daba para ir al ritmo de Pedro. Sin embargo, cuando llegó, por respecto a la autoridad de Pedro, le esperó a que fuera el primero en entrar en el sepulcro. Ta solo se atrevió a asomarse a echar un vistazo y cerciorarse que el cuerpo del Maestro no estaba; vio la sábana deshinchada, vacía, sin cadáver, que se había materialmente esfumado permaneciendo el lienzo tal y como lo dejaron al envolver a Jesús, intacto, pero sin el muerto. Entonces dice él mismo: “vio y creyó” (Jn 20,8).

Pudimos oír días atrás el comentario de un famoso director de cine haciendo una declaración de increencia sobre Dios, alegando aquello tan manido de los filósofos de la sospecha: de que si es el hombre quien ha creado a Dios y no a la inversa; que es una invención del ser humano para solventar las respuestas a las grandes preguntas: al sentido de la vida, al temor a la muerte,  al dolor, etc. Para sorpresa, nadie de los cuatro allí presentes -al menos uno era creyente- le hicieron ninguna observación; y es más, este director de cine está bautizado; qué, pues, significaba Cristo para él, ¿una ficción?

Lo cierto es que Jesucristo ha resucitado. Esto es un hecho. En cambio, lo que este director de cine afirma para sostener su postura atea o agnóstica es una teoría por demostrar. Ya ven los que desprecian la verdad asentada sobre el testimonio de muchos, amén de los propios apóstoles, otros que fueron testigos de Cristo resucitado y que dieron la vida por él, como el protomártir san Esteban, y que rubricaron sus testimonio con la firma de su sangre, que piden prueba materiales, se basan para sostener su postura en teorías indesmostradas y desprecian los hechos.

Así son las cosas de contradictorias. El caso es que dijo su abutaz y todos callados. Los filósofos medievales tenían la gran frase «contra el hecho no valen argumentos». Ahora ya ni esto vale. Son tiempos difíciles para la fe; aunque esta resulte ser los más razonable de todo, es desestimada.

Es de recordar aquello del rico epulón (Lc 16,19-31):

19           «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas.

20           Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,

21           deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

22           Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue  sepultado.

23           «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

24           Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo  y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.”

25           Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.

26           Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.”

27           «Replicó: “Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre,

28           porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.”

29           Díjole Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.”

30           El dijo: “No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.”

31           Le contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”»

Creer es un don extraordinario, ofrecido a todo el mundo. Sólo hace falta decir sí.

¡Dichosos vosotros que habéis creído!  ¡Feliz Pascua de Resurrección!

 

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