Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 8-6-2018

Hoy viernes siguiente a Corpus Christi se celebra esta devoción, como Jesús pidiera a santa Margarita María de Alacoque, en reparación a la ingratitud de los seres humanos hacia su sacrificio redentor en la cruz.

Esta es una hermosa devoción, que va acompañada de gracias, promesas e indulgencias.

Entre las promesa de Jesús, hay una que dice: “Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte“.

Esta es una promesa que he visto realizarse. Esta vivencia real la conté en un artículo “Milagro espiritual en orden a la salvación“.

No me cabe la menor duda de que a una persona Jesús fue su amparo y refugio en la hora de la muerte.

Hay devociones -en todo lo referente a Dios, rico en misericordia- que surgen efecto -se derraman gracias- no directamente (o tal vez sí, o a ambas) en otras personas, no sólo en su devoto.

La madre de la persona a punto de morir, a la que Jesús amparó en ese momento final, era una devota extraordinaria del Sagrado Corazón. La comunión de los santos posibilita el que haya gente por ahí -mayoritariamente anónimos-, que consiguen beneficios para otros, empezando por los más próximos, tiene sus efectos, en forma de gracia, claro. Y así sucedió en este caso:

Estando de visita a una enferma, que en principio no estaba para fallecer. Cuando ya nos íbamos a ir, era casi medianoche, la enferma dio un síntoma (como de avis) de quedarse momentáneamente sin respiración. Estos nos alarmó, y cambiamos los planes. Llamamos al capellán del hospital, e inmediatamente se presentó, le administró el sacramento de la Unción y la encomendó al Seño. A los 3 minutos de salir el sacerdote de la habitación, para sorpresa de las cuatro personas que allí estábamos, expiraba la enferma. Quedando en una paz y un semblante de luz extraordinario. Nos quedamos estupefactos y admirados.

Cuando durante el entierro comentamos a un grupito de personas el hecho. Una de ellas que no sabía nada de la devoción materna por el Sagrado Corazón, añadió: “¡Oh, el Sagrado Corazón la esperó…!”

Luis M. Mata