Sermón en el día del Inmaculado Corazón de María

El sábado asistí a la misa. A veces uno se sorprende de ver el templo lleno, pero así fue. La verdad que es un gozo aunque el que escribe, por llegar justo, relegado a estar de pié toda la celebración. Pero… siempre hay un pero, a pesar de ser un lugar costero, de playa, abunda la gente mayor, la tercera edad, y es este el componente que asiste a las celebraciones litúrgicas. Era la misa de las 19:30 horas, y el templo estaba hasta arriba,  cerca de 700 personas (algunas, porque no había sitio, de pie; entre ellas un servidor).

Pues, bien, a la lo que iba:

Siendo el día que era, dedicado al Corazón de María, después del día anterior dedicado a su Hijo, el sacerdote creándolo no hizo mención ninguna a esta solemnidad mariana.

Durante el sermón, en que el párroco centró su reflexión sobre la irresponsabilidad de los actos de las personas. Esta idea central sobra la que pivotó su predicación, estaba construida sobre la autoexculpación que nos hacemos sobre los errores que cometemos.

Esto es un hecho sorprendente. Se observa cada vez más habitual y normalizado. Nos referimos al hecho de que el clero como la inmensa mayoria de los creyentes ha incorporado a la lógica de su pensar el empleo de términos eufemísticos, que distorsionan la verdad, al menos en su claridad y contundencia.

Durante todo el sermón, puede contar que el sacerdote pronunció el término “error” una docena de veces o tal vez más. El término “pecado”, ninguna. Cuanto con aquel vocablo era evidente que se refería a este, teológicamente hablando, o así habría debido serlo.

Cambiar la palabra “pecado”, sustituyéndola por la de error, no es apropiado. Se lo aseguramos. Primero, es echar agua al vino; segundo, es entra en el juego laicista, evacuando del lenguaje cualquier referencia teológica; tercero, es inadecuado e incorrecto que a una culpa, a una responsabilidad, a un acto innoble, injusto, malo, etc., se le califique de error (como si se hubiera cometido una equivocación inconscientemente o algo así)…

En fin, hay mucho que pensar al respecto y extraer conclusiones sobre estas cosas, que en el fondo hablan bien a las claras de los males que nos acaecen en cuanto a la debilitación de la creencia en nuestros tiempos.

Otro sí, digo, tal vez tenga que ver, o vaya unido, el que se olvide de la Santísima Virgen en un día tan especial, con el hecho del olvido de llamar a las cosas por su nombre, es decir, al pan, pan, y al vino, vino. Y no aguarlo.

Recemos…

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