Un mundo sin poesía

En lo que va de ayer a hoy, no hemos quedado sin poesía.

A mí me gusta de vez en cuando releer cosas del pasado que he ido escogiendo y subrayando, y a veces se encuentra con algo tan distinto y tan de los tiempos actuales, tras una imagen quieta de la historia de la humanidad, que parece variar hoy día como algo casi natural y como si no supusiera nada.

Vean lo que dos pensadores españoles de una misma generación escriben sobre la realidad tan dispar que perciben:

Esto pensaba Luís Racionero en 1990:

“La razón ha llegado al final de su viaje. El presente se ha enjaulado en un tiempo abstruso, incoherente y en contradicción constante con su propia esencia evolutiva de destino (…) El racionalismo ha transformado la visión del mundo en un camino sin corazón, en un rodar a la deriva, reiterando los pasos dados. Sin embargo, y ahora más que nunca, la realidad pertenece a los poetas”.

 

Y esto dice otro pensador español, Fernando Savater, en 2018:

Parece que va siendo evidente que la distopía que nos corresponde no es 1984, de Orwell, sino Un mundo feliz, de Aldous Huxley, en el que hay consenso para que desaparezca por nocivo y peligroso el ‘amor romántico’, ese pleonasmo (como el agua húmeda). Sin amor sólo quedará el sexo como placer y fiesta, una especie de amor sin espinas, como los filetes de pescado congelado. Punto final a esa manía alucinatoria de buscar nuestra otra mitad, el cariño absoluto que da sentido a la vida o compensa de no encontrarlo, los celos y recelos, las cóleras y reconciliaciones, la pérdida, la fatiga asombrosa de querer. ‘Si duele no es amor’, han decretado los coachs (esos psicólogos para quienes no tienen ya psique). (…) Necesitamos menos poetas y más pilates: hay que decírselo a los adolescentes enseguida, para que no se amarguen la vida”.

 

Y Dios que es amor, ¿qué suerte va a correr en este mundo sin amor, ni poesía…?

Como ha dicho el jesuía Juan Masiá: “Si no tenemos sensibilidad para lo poético no podemos leer la Biblia”

 

 

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