La santa fragilidad cristiana

El este mundo cada vez más bruto, donde el Maligno ha acaparado poder por las posibilidades que le ha favorecido el hombre cada vez menos él mismo, con comportamientos basados en fuerzas de pecado.

El cristiano, por el contrario, ha de ofrecer, a esta realidad abrupta y potente, su rostro más autentico, el de bondad, ternura, humildad, inocencia, pequeñez, fragilidad, basado en el amor y la gracia divina.

La Iglesia y los cristianos han de alejarse de las estructuras de poder según el mundo, para no caer en la tentación de hacer uso de sus formas, de un mundo cada vez más en poder del Maligno. El ser cristiano ha de enfrentar los usos y abusos del mundo desde y según es, sin perder su identidad; aunque a ojos vista todo tenga apariencia de derrota segura, según el orden de este mundo. Pues la victoria es de carácter escatológica. Aquí entra juego de forma definitiva la fe, en ella nos hemos de apoyar para seguir a Jesús, que se presentó frágil, primero como un niño y luego como hombre humillado y cordero llevado al matadero. La respuesta del cristiano es la cruz, ahí está su fortaleza frente a un mundo infernal. El triunfo sobre éste es un paradoja: la derrota a ojos vista, que acaba en la victoria de la Resurrección.

Así, pues, el cristiano ha de fraguar su fortaleza en la convicción de la fe, de confiar en el Señor, en su palabra y amor que son verdad y vida, hasta el punto de perderlo todo para ganarlo TODO.

Dios nos pide que creamos en ello; que confiemos en su palabra, contra toda esperanza. Sedle fiel y no apostatar, aunque las apariencias y los temores intenten hacernos claudicar.

Para los tiempos duros y tal vez hasta tremendos, habrá que estar preparados y dispuestos a, tal vez, ser “frágiles” hasta el martirio (en el cual todo se ofrece a Dios, incluida la vida, la familia, la reputación y la honra para que sean aplastadas a los pies de los paganos), sin dejar de ser fieles, “como escogidos que sois de Dios, revestíos de entrañas de compasión, de benignidad, de humildad” (Col 3,12).

La fragilidad hecha sacrificio que se sustenta en el amor, la fe y la esperanza  en  Cristo, es la única potencia victoriosa y el único punto seguro en medio de los acontecimientos y las tragedias del mundo.

6 Humíllense bajo la mano poderosa de Dios, para que él los eleve en el momento oportuno.

7 Descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes.

8 Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar.

9 Resístanlo firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el mundo padecen los mismos sufrimientos que ustedes.

10 El Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna en Cristo, después que hayan padecido un poco, los restablecerá y confirmará, los hará fuertes e inconmovibles.

11 ¡A él sea la gloria y el poder eternamente! Amén.

 (1 Pe 5,6-11).

 

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