La imposición LGTB

Este agrupación (LGTBI) de colectivos sexuales distintos al de mujer y varón, que corresponde lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero, y a la que se añadido la I de intersexuales, (y a la que vez se puedan unir más), lleva unos años ejerciendo una presión social exhausta en la pretensión no solamente de no ser maltratados, despreciados ni humillados, sino de trata de convencer e imponer, desde la enseñanza y la legislación, de que esas opciones, son tan habituales, naturales y hasta ideales y preferibles, para cualquier hijo varón o mujer de cualquier familia.

Para este objetivo -de captación de mayor número de adeptos o convertidos para su causa o condición- tratan de que se legisle impositivamente, para adoctrinar y embaucar desde las escuelas a los alumnos. No tienen derecho el Estado a imponer -sin la autorización de los padres ni el respeto a la libertad educativa de los colegios- este tipo de enseñanza.

Bajo so capa de proteger a unos, de defenderles de la posible marginación, etc., se entromete el poder político en la vida y libertad de los ciudadanos, para una vez más, imponerles sus pretensiones.

La promoción de estas sexualidades tan variopintas y de forma tan insistente y con tanta divulgación, da que pensar. ¿A qué se debe todo ello, tanto y de tal guisa?

Estamos de acuerdo en que todo el mundo -cada persona- merece el mayor de los respetos, al margen de cualquier condición, etc. Todos los seres humanos poseemos una igual dignidad y somos sujetos de los mismos derechos. Pero de ahí a que este constantemente, metiéndonos “hasta en la sopa”, la promoción de los LGTBI, resulta demasiado… cuanto menos atosigante, y también sospechoso.

Aunque bien mirado y en perspectiva, se ve a las claras que todo esto tiene un calado mayor. Esto no cabe la menor duda forma parte de un movimiento gigantesco, global, que trata de trastocar todas las estructuras mundiales, forjadas bajo parámetros de valores tradicionales y cristianos, para poner el mundo boca abajo.