Científicos afirman que creer en Dios es innato en el hombre y ser ateo es forzado

Los científicos más lúcidos están de vuelta del ateísmo radical.

Están empezando a acumularse trabajos de investigadores que señalan que la creencia en Dios es innata en el ser humano, y que precisamente lo no innato, que requeriría un esfuerzo de conciencia, de voluntad e intelectual, sería el ateísmo, o sea afirmar que Dios y lo sobrenatural no existe.

Sin embargo el ateísmo se ha extendido sobre todo en los sectores mas intelectualizados de la sociedad y especialmente a partir de las universidades. Pero actualmente estamos comenzando a notar atisbos de una reversión de esta tendencia.

Los más lúcidos de estas capas sociales se están empezando a dar cuenta que no pueden negarse a la evidencia y comienza a crearse la moda de no negarse a la existencia de Dios, porque los nuevos descubrimientos, si bien no pueden demostrar directamente la existencia de Dios, van tornando “anticientífico” declararse ateo.

 

TODOS CREEMOS INNATAMENTE EN UN DIOS

 

La semana pasada, Nury Vittachi publicó un artículo titulado: “Científicos descubren que los ateos podrían no existir, y eso no es una broma”.

En el artículo, Vittachi cita los trabajos de varios investigadores, como Graham Lawton y Pascal Boyer, quienes sostienen que la creencia en Dios es inculcada de forma natural en todas las personas.

Los científicos cognitivos son cada vez más conscientes de que una perspectiva metafísica puede ser tan profundamente arraigada en los procesos de pensamiento humano que no puede ser borrada”, escribe Vittachi.

“Por supuesto que estos resultados no prueban que es imposible dejar de creer en Dios”, señala Vittachi.

Lo que sí indican, es que podemos estar engañándonos a nosotros mismos si pensamos que estamos tomando las decisiones claves sobre lo que creemos, y si pensamos que sólo nuestros puntos de vista impregnan nuestras conciencias”.

Incluso los autodenominados “ateos” son incapaces de separarse fácilmente a sí mismos de las creencias en lo sobrenatural, explica, Vittachi.

La diferencia entre el ateo y el punto de vista no-ateo es mucho más pequeño que el que probablemente sea percibido en cualquier lado”,escribió. “Ambos grupos tienen conciencias que crean por sí mismas realidades que incluyen elementos tangibles e intangibles muy similares. Puede ser simplemente que sus niveles de conciencia y de interpretación de ciertos detalles de superficie difieran”.

Todos podemos ser un poco más espirituales de lo que pensamos”,concluyó Vittachi.

Aunque los ateos no pueden estar satisfechos con el razonamiento de Vittachi, otros científicos han llegado a conclusiones similares.

Cuando la gente ya no cree en Dios, eso no quiere decir que no tienen intuiciones que están fuertemente conectadas con lo sobrenatural”, dijo Ara Norenzayan, psicóloga de la Universidad de British Columbia en Vancouver, Canadá, en un artículo para New Scientist.

Incluso en las sociedades que son la mayoría ateas, se encuentran un montón de creencias paranormales”.

Del mismo modo, Pascal Boyer de la Universidad de Washington en St. Louis argumentó que “una gran cantidad de rasgos cognitivos nos predisponen a la fe”.

Por el momento”, declaró Boyer, “los datos apoyan una conclusión más modesta: Los pensamientos religiosos parecen ser una propiedad emergente de nuestras capacidades cognitivas normales”.

Aunque muchas personas hoy en día niegan que Dios exista, Boyer, dice que esta creencia se opone fundamentalmente a las disposiciones naturales de los humanos.

Por el contrario, la incredulidad es generalmente el resultado de la deliberación, porque es un esfuerzo contra nuestros recursos naturales cognitivos, la ideología más fácil de propagar”.

El astrónomo cristiano Dr. Jason Lisle argumenta que todo el mundo, incluidos los “ateos”, intuitivamente entienden que Dios existe.

De acuerdo a Romanos 1,18-20, cada uno tiene un conocimiento innato de Dios y de la creación”.

El problema no es que la gente carece de pruebas de que Dios exista, el problema es que suprimen la verdad. Niegan lo que saben en su corazón”.

 

LOS MÁS LÚCIDOS DE LA COMUNIDAD CIENTÍFICA COMIENZAN A ESTAR DE VUELTA DEL ATEÍSMO RADICAL

 

Hoy, entretanto, no es preciso recurrir a raciocinios filosóficos para desmentir ese estado de espíritu, pues recientes descubrimientos científicos, en varios campos, apuntan con énfasis creciente para la necesidad de la existencia de un Creador. Declararse ateo se va tornando científicamente incorrecto.

Entre muchos otros ejemplos, llama la atención el paralelismo de la teoría del Big Bang, hoy aceptada por la mayoría de la comunidad científica, con la doctrina de la Creación.

En ese sentido, afirma el astrónomo, físico y cosmólogo de la NASA Robert Jastrow:

“Los elementos esenciales de la versión astronómica y de la historia bíblica del génesis son los mismos”.

El mismo especialista argumenta:

“Consideremos la enormidad del problema: la ciencia ha demostrado que el universo tuvo un inicio en un estallido. Pregunta: ¿Qué causa produjo tal efecto? ¿Quién o qué colocó la materia o la energía dentro del universo? Y la ciencia no puede responder a estas preguntas”.

Otro ejemplo de las cuestiones sin respuesta presentadas a la ciencia es dado, con mucha vivacidad, por el astrónomo británico Sir Fred Hoyle:

“La vida no puede haber tenido un inicio aleatorio […]. Existen cerca de dos mil enzimas, y la posibilidad de obtenerlas todas en una experiencia aleatoria es apenas una parte en 1040.000, una probabilidad tan chocantemente pequeña que no debería ser encarada ni siquiera en el caso de que el mundo entero sea una sopa orgánica”.

Significativo es también otro testimonio de ese mismo científico:

“Imagínese que pase un tornado por un depósito de residuos donde están amontonados en total desorden todos los pedazos y piezas de un Boeing 747. ¿Cuál sería la posibilidad de, después de su pasaje, tener en el depósito un Boeing 747 montadito y listo para volar? Completamente despreciable, incluso si el tornado hubiese atravesado depósitos suficientes para llenar el universo”.

Estos y otros problemas hicieron que una considerable parcela de la comunidad científica actual sienta la necesidad de considerar a Dios como un elemento inseparable de las investigaciones científicas.

Fue sobre todo la comprobación del Hubble de la expansión del universo a una velocidad extraordinaria, a mediados del siglo XX, que descartó la teoría del universo extático, cómoda para los ateos, pues dispensaba la idea de un Creador.

Según esa teoría, el universo habría existido desde siempre. O sea, se acaba teniendo que atribuir a la naturaleza atributos divinos para intentar explicar el origen del universo.

A tal punto las pesquisas científicas van trayendo crecientes evidencias de la presencia de un Creador del universo, que se va tornando “anticientífico” declararse ateo.

 

EL PRECIO DE NEGARSE A DIOS

 

Así, el diario alemán Der Spiegel publicó el año pasado la noticia de que dos científicos de Universidad de Berlín, con ayuda de una computadora, habían constatado como verdadera una intrincada formulación del matemático Kurt Friedrich Gödel, fallecido en 1978, demostrando la existencia de Dios.

La mencionada noticia se cierra de forma alarmante y lacónica:

“La demostración de la existencia de Dios, por una máquina, no hizo al mundo más piadoso. A nadie ayuda ver a Dios”.

Sucede que es naturalmente imposible al ser humano separar la existencia de Dios de su bondad infinita y de la necesidad de adorarlo y de reconocerlo en sus criaturas.

Y la negación de eso representa una agresión al alma, y produce repercusiones hasta en el equilibrio psicológico del hombre, de modo que la depresión es hoy el tributo pagado por una sociedad sin Dios.

“En la primera mitad del siglo XX” – afirma el conocido sociólogo francés Alain Ehrenberg en entrevista a la revista L’Histoire – “la depresión no era sino un síndrome perceptible en la mayor parte de las enfermedades mentales (psicosis y neurosis), y no llamaba particularmente la atención en nuestras sociedades. Todo cambió a partir de los años 70. La epidemiología psiquiátrica muestra que ella se transformó en el disturbio mental más común del mundo”.

Fuentes: Christian News, Gaudium Press, Signos de estos Tiempos